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River volvió a dar el golpe contra Boca y gritó campeón

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River lo hizo de nuevo. Gallardo lo hizo de nuevo. Se sacó el gusto en el peor momento de su ciclo. Y volvió a ganar un mano a mano caliente. En el marco ideal: ante su máximo rival y en una final. Fue la revancha completa. En Mendoza, el equipo del Muñeco le ganó 2-0 a Boca y levantó la Supercopa Argentina. Los goles fueron de Gonzalo Martínez -penal- en el primer tiempo y de Ignacio Scocco en el complemento. El arquero Franco Armani fue figura y apareció en los momentos justos cuando Boca lo acorralaba.

El festejo interminable de Nacho Scocco, autor del 2-0. Delfo Rodriguez

El festejo interminable de Nacho Scocco, autor del 2-0. Delfo Rodriguez

El arranque fue con nervios y dientes apretados. Los dos técnicos sorprendieron al alterar sus esquemas tradicionales y poner a un enganche clásico. Edwin Cardona fue el que se corrió de la punta al medio en Boca y Gonzalo Martínez fue el encargado de enlazar con los delanteros en River.

El equipo de Guillermo llevaba las riendas aunque sin generar peligro. La gran apuesta era Cristian Pavón, que arrancó por izquierda pero enseguida pasó a la izquierda y complicó a Gonzalo Montiel.

Ponzio y Fabra van en busca de la pelota dividida mientras Mora espera. (MARCELO CARROLL)

Ponzio y Fabra van en busca de la pelota dividida mientras Mora espera. (MARCELO CARROLL)

Pero el que pegó primero fue River en uno de sus primeros avances. A los 17 minutos, Nacho Fernández y Pity Martínez armaron una pared por derecha y cuando el ex mediocampista de Gimnasia entró al área lo tocó de atrás Cardona que retrocedía en la marca.

Patricio Loustau no dudó y cobró el penal que el Pity transformó en el 1-0 con un toque sutil contra el poste derecho de Agustín Rossi.

El instante del penal: Cardona derriba a Nacho Fernández. MARCELO CARROLL

El instante del penal: Cardona derriba a Nacho Fernández. MARCELO CARROLL

A partir del gol se empezó a jugar el partido que pretendía River. Un trámite trabado, con poca circulación de pelota, marcas ajustadas y casi sin lugar a la sorpresa.

Porque a Cardona no lo dejaban girar y a Pavón le doblaban la marca. Entonces Boca caía en la trampa. Y se ponía nervioso.

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