Sin categoría

Uruguay jugó un partido inteligente pero no pudo superar a Francia y quedó eliminado

648 Visitas totales, 3 Vistas de hoy.

Y sí: se cae un lagrimón. Imposible no emocionarse con Uruguay. Ese sentimiento lo despiertan sus cuatro mil hinchas gritando más fuerte que los franceses. Aquí se escuchan ellos. Esos locos disfrazados de celeste. Pasa cuando el partido se está yendo. En la cancha, en un tiro libre en contra, mientras aguanta en la barrera, el marcador central del Atlético de Madrid, José María Giménez, llora. Sabe que la aventura se termina. Que no hay vuelta. Mientras espera el remate, se seca las lágrimas con esa camiseta híper transpirada. Ese llanto es igual al del rubiecito que las imágenes de televisión mostraron al planeta en el blooper de Muslera, ese error crucial que le bajó la persiana a la posibilidad de recuperación de la más que digna selección de ese señor que es el Maestro Tabárez.

Uruguay-Francia: el conmovedor llanto de Josema Giménez a minutos del final

La pelota da unas vueltas más. Y listo. Ahora sí. El Mundial se acabó. Entonces, ese pibe de 23 años nacido en Toledo que lloraba mientras esta historia se agotaba, Josema Giménez, se desploma sobre el césped de este impactante estadio de Nizhny Novgorod. Queda acostado mirando al cielo… Uruguay es una selección que sabe sentir y hacerse sentir. Detrás de esa mística que alimenta, existe un proyecto serio, ordenado, que no le alcanzó para ser semifinalista de un Mundial, pero sí para meterse entre los mejores ocho del planeta fútbol. Hasta aquí llegó. Hasta Francia. Le salió el partido que había pensado a Uruguay, el del orden y el coraje para disimular esa diferencia de jerarquía individual que lo muestra un par de escalones debajo de su rival. Sin embargo, pagó la ausencia de Cavani, el tiro libre que abrió el resultado y la falla colosal de Muslera que le bloqueó cualquier chance de reacción. Demasiado para una formación a la que no le sobran luces.

Qué dijo Diego Godín sobre el error de Fernando Muslera

El plan Maestro de Uruguay para neutralizar a una Francia que asustaba después de la paliza conceptual que le había aplicado a Argentina empezó a quebrarse, vaya paradoja, en una de las especialidades charrúas: en una jugada con pelota detenida. Desde la derecha y con zurda le entró a un tiro libre Griezmann, buscando que el efecto se fuese cerrando hacia el arco, y desde atrás, como un tren imposible de frenar, apareció Varane, uno de los gigantes de Francia, con su 1.91 de estatura, para elevarse anticipando a Stuani y para clavarla abajo, en el segundo palo.

Enseguida, con esa misma fórmula pero en el área de enfrente, Uruguay estuvo ahí nomás de empatarlo con un cabezazo de Cáceres que Lloris con reflejos totales desvió y que Godín a la caza del rebote remató apurado y desviado.

Esos dos flashes sobre el cierre del primer tiempo, en cierto modo y más allá de sus epílogos diferentes, reflejan a un desarrollo de paridad. Una situación nítida por cada lado en un contexto de equilibrio que supo provocar Uruguay.

Al revés de lo hecho por Argentina, se obsesionó Uruguay con cerrar caminos y no obsequiar espacios, con orden, esfuerzo y presión en el medio, siempre atento y escalonado ante cada pérdida de pelota para no ser sorprendido en el contraataque con ese rayo que es Mbappé.

La flecha francesa no tuvo ninguna situación ni siquiera parecida a las que encontró frente a la Selección de Sampaoli. No lo dejó volar Uruguay. Sólo una vez en ese primer tiempo arrasó con Laxalt por la banda, pero su centro atrás no halló a ningún compañero para definir. Es más, la otra postal más próxima al gol de la etapa inicial fue protagonizada por Mbappé, pero también tras un centro que devolvió Giroud al medio del área y que a la precoz promesa gala, sin marcas, le quedó muy arriba para cabecear.

Contagió la intensidad uruguaya con ese mediocampo repleto de frescura, a la inversa de Argentina, con los 22 años de Nández y de Torreira, con los 26 de Vecino y con los 21 del sobrio Bentancur. Por las bandas, eran leones defendiendo Cáceres y Laxalt, quien encarnaba un mano a mano vibrante contra Mbappé. Mientras que Suárez y Stuani ensuciaban la salida adversaria.

Así Pogba no trascendía. Así Griezmann no pesaba. Así Mbappé recibía en posiciones incómodas. Uruguay no desarmaba, en algún episodio trataba de imprimir rigor físico y, si la ocasión lo permitía, se arrimaba.

El gol de Varane no modificó el desarrollo. Francia intentó apretar en el nacimiento del segundo tiempo para liquidar la historia. Creyendo en lo suyo, sin abrirse demasiado atrás, Uruguay continuó transitando su partido. Por las bandas, construyó un par de acciones con centros que encontraron piernas rivales para despejar.

¿Cuánto hubiera cambiado con Cavani, afuera? Seguro Uruguay hubiera contado con una dosis de mayor potencia ofensiva. Eso que buscó con las modificaciones Tabárez. Adentro Cebolla Rodríguez por Bentancur y Maximiliano Gómez por Stuani para refrescar la elaboración y el ataque. El problema es que no hubo lugar para medir la influencia de los cambios porque enseguida Muslera dibujó su blooper, con manos de cristal ante un tiro fácil desde afuera de Griezmann.

Tiró un taco Mbappé con suficiencia exagerada, lo golpeó en forma leve Cebolla Rodríguez, tumulto y amarilla para los dos mostrada por un Néstor Pitana de correcto arbitraje. Quedaba un rato, pero era misión imposible. Francia, firme atrás, no le dio ninguna chance a Uruguay. Por eso el llanto de Giménez…

Comments

comments

Comenta aquí