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Simone Biles, la reina de la gimnasia que rompe récords hasta con una piedra en un riñón

Nadie puede frenar al huracán Simone Biles. Con apenas 1,42 metro de altura y una sonrisa imborrable, la estadounidense de 21 años es una verdadera fuerza de la naturaleza, que arrasa con cuanta rival se le pone adelante y que en seis temporadas construyó un dominio abrumador en la gimnasia artística.

Sus históricos cuatro títulos mundiales en el all-around y su récord global de 14 medallas de oro mundialistas hablan de una hegemonía a la que es difícil encontrarle comparación, pero no explicación. Es más, llegó a un total de 20 preseas, por lo que igualó el mejor registro, que tenía la rusa Svetlana Khorkina (20).

Carismática, talentosa y dueña de una confianza en sí misma y una fortaleza mental que asombran, Biles parece imbatible. En el deporte y en la vida. Es que esta nacida en Columbus el 14 de marzo de 1997 sobrellevó una infancia difícil, soportó abusos sexuales como todas las gimnastas estadounidenses que fueron olímpicas y ganó sus últimas medallas con una piedra en un riñón.

Simone Biles saluda con su medalla de oro en salto en el Mundial de Doha.
Foto: AP

Simone Biles saluda con su medalla de oro en salto en el Mundial de Doha. Foto: AP

Como sus padres biológicos, adictos a las drogas y al alcohol, no se pudieron hacer cargo de ella ni de sus tres hermanos, Simone pasó sus primeros años en orfanatos hasta que en 2003 sus abuelos maternos, Ron y Nellie, la adoptaron junto a su hermana Adria. Ese mismo año, durante una visita escolar a un gimnasio de Houston, la pequeña Simone descubrió el deporte que dominaría.

En 2013 irrumpió en el plano internacional cuando ganó dos medallas doradas (all around y suelo), una de plata en salto y una de bronce en viga en el Mundial de Amberes. Desde entonces no paró.

En Nanjing 2014 y en Glasgow 2015 sumó las mismas cuatro doradas en all around, viga, suelo y en equipos, además de que en salto fue plata en 2014 y bronce en 2015. Y en Río de Janeiro 2016 ratificó su dominio con oros en suelo, salto, all around y la competencia por equipos, además de un bronce en viga.

Simone Biles, en el ejercicio de suelo en Río 2016.
Foto: AP

Simone Biles, en el ejercicio de suelo en Río 2016. Foto: AP

Pero la gimnasia, que tantas alegrías le dio, también la hizo vivir una de las peores experiencias de su vida. En enero pasado, Biles confesó que fue una de las víctimas de abuso sexual de Larry Nassar, el ex médico del equipo estadounidense que fue condenado a más de 175 años de prisión por abusar de 250 niñas y mujeres durante casi 20 años.

La exitosa gimnasia estadounidense, sacudida por una historia de abusos sexuales seriales

«La mayoría me conoce como una chica feliz, graciosa y con energía. Pero últimamente me he sentido rota y cuanto más trato de apagar esa pequeña voz en mi cabeza, más alto me grita. Ya no tengo miedo de contar mi historia. Yo también soy una de las supervivientes que sufrió abusos sexuales por parte de Larry Nassar», escribióó Biles en su cuenta de Twitter el 15 de enero.

Y aseguró: «Sé que no fue mi culpa y que esta terrible experiencia no me define. No dejaré que un señor, y quienes le permitieron actuar, me roben mi amor y felicidad por la gimnasia«.

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Nada ni nadie parece capaz de derrumbar a Biles. Ella puede con todo. Y volvió a demostrarlo en el Mundial de Doha, que marcó su regreso a la competencia tras el 2017 sabático. Durante el «descanso», empezó a trabajar con el entrenador francés Laurent Landi y con su esposa Cecile Canqueteau, ambos ex gimnastas, y llevó su programa a un nuevo nivel.

Simone Biles, en plena pirueta en la prueba de salto.
Foto: AP

Simone Biles, en plena pirueta en la prueba de salto. Foto: AP

En la capital qatarí, se quedó con cuatro de las seis finales. Fue la líder de Estados Unidos en la prueba por equipos y se transformó en la primera gimnasta de la historia en sumar cuatro títulos mundiales en el all around.

Además se impuso en las finales de salto y suelo, por lo que alcanzó su 14° oro mundialista, una marca nunca antes lograda por ningún gimnasta. Ni mujer ni hombre.

Una medalla de oro del Mundial de gimnasia de Doha, sobre el pecho de Simone Biles. Una imagen repetida.
Foto: AP

Una medalla de oro del Mundial de gimnasia de Doha, sobre el pecho de Simone Biles. Una imagen repetida. Foto: AP

La simple enumeración es suficiente para asombrar, pero el logro de la estadounidense cobra una dimensión mayor si se lo pone en el contexto de lo que vivió en la cita qatarí.

El día anterior a su debut en Doha, Biles pasó varias horas en una sala de emergencia por un fuerte dolor en la zona abdominal. Allí le detectaron una piedra en un riñón. Muchos se habrían bajado del Mundial para recuperarse. Ella no.

Simone Biles logró su cuarto título mundial en el all around.
Foto: AFP

Simone Biles logró su cuarto título mundial en el all around. Foto: AFP

«La piedra puede esperar. Lo hago por el equipo», escribió en su cuenta de Twitter junto a su foto acostada en la cama del hospital. Y luego aclaró: «En realidad no me la extrajeron. Me dieron el diagnóstico e información al respecto. Nos vamos a ocupar de ella después del Mundial, así que cruzamos los dedos para que todo esté bien».

Veinticuatro horas más tarde, Biles salió a escena y se clasificó a las seis finales del torneo. Y en cinco tuvo el puntaje más alto entre todas las competidoras.

Unas jornadas después, ya con el oro por equipos en su poder, se quedó con la dorada en el concurso general individual, en el que se impuso por una amplia diferencia, a pesar de haberse caído dos veces. Algo inusual en ella.

Simone Biles aterriza sentada en la prueba de salto del all around del Mundial.
Foto: AP

Simone Biles aterriza sentada en la prueba de salto del all around del Mundial. Foto: AP

En salto presentó un ejercicio nuevo, que desde este torneo llevará su nombre. Lo había ejecutado a la perfección en las clasificaciones, pero en la final no le salió bien: Biles cayó sentada en la colchoneta. Y un rato después sufrió otra caída en la viga.

Ninguna de esas fallas importó. La altísima complejidad de sus programas pesaron más que los descuentos y terminó primera con 57,491 puntos, delante de la japonesa Mai Murakami (55,798) y de su compatriota Morgan Hurd (55,732).

Simone Biles compite en barras asimétricas, en el Mundial de Doha.
Foto: AFP

Simone Biles compite en barras asimétricas, en el Mundial de Doha. Foto: AFP

«Es un poco decepcionante. Salir y cometer los errores que cometí… Esta no es la gimnasta que soy. Hay que merecer esta medalla y no estoy segura de que me la merezco esta vez», analizó. Había hecho historia, pero perfeccionista y competitiva como es, no se fue contenta.

Es que a los grandes campeones como ella no les alcanza con el resultado. Saben lo que son capaces de hacer y quieren brillar siempre. Biles se redimió en las finales por aparatos, cerró un Mundial en el que no tuvo rivales en la mayoría de las pruebas y ratificó un dominio abrumador que parece lejos de extinguirse.

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