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“El Estados soy yo, el elegido de Dios soy yo. Entiendan Ateos, Ateos, ignorantes!!!…” (VER VIDEOS)

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“El Estado soy yo” es una frase que se atribuye al rey de Francia, Luis XIV, quien la habría dicho frente al Parlamento en 1655. Y esa frase es bien representativa del momento que vivían las monarquías absolutas europeas. En pocas palabras, el monarca representaba la voluntad general y sabía qué era mejor para la corona, su pueblo y para él. En última instancia, el rey decidía por todos y sobre todo.

Llevó casi dos siglos pasar de las monarquías absolutas a las democracias modernas de comienzos del siglo XX, en las que la legitimidad del poder pasó de ser hereditaria y centrada en un monarca a estar en manos de los individuos que constituían la nueva soberanía expresada a través del sufragio.

Así, el pueblo dejó de ser súbdito del monarca para pasar a ser el agente constitutivo de la representación. La soberanía dejó de ser cosa de un ser providencial para ser algo que pertenecía a cada individuo constituido en la sociedad; con capacidad para manifestar sus preferencias en cuanto a quién debía ejercer el gobierno de manera temporal, con alternancia y con poderes limitados.

Yo sigo siendo el Rey

Dos siglos después, en los tiempos que corren y en algunas comarcas, parece que hemos retrocedido a la época de la monarquía absoluta, donde una sola persona gobierna por más de un cuarto de siglo, se autoproclama soberano y paga con cargos del Estado a pastores evangélicos o anglicanos para hacerse bendecir como “él elegido de Dios”, en contrapartida los paganos que dudan son condenados como Ateos e ignorantes paganos.

Dos siglos después en un lugar remoto de Sudamérica sobrevive un feudo, donde una sola persona perpetuada en el manejo discrecional de la suma del poder público, decide por todos y sobre todos, sin rendir cuentas a nadie, sobre nada.

En ese lugar que hace un cuarto de siglo era prospero, productivo y pujante, y era la segunda productora de algodón de su país, donde tenía 24 desmotadoras, 2 fábricas textiles, exportaba carne y jugos de frutas al exterior, en épocas de primicia era la primera en producción frutihorticola, exportaba carne el mundo, tenía tren, silos, petróleo y un puerto que funcionaba.

Un día llego el populismo y el fascismo

Era un lugar remoto donde la pobreza era un hecho circunstancial de la que se podía salir trabajando y donde los sueldos provinciales estaban equiparados a los nacionales, donde una maestra, un agente seguridad o los empleados públicos cobraban sueldos dignos y tenían derechos.

Pero un día llegó el populismo autoritario de la mano de una persona decidido convertirse en el nuevo Luis XIV aldeano, y metió preso al Presidente del  Superior Tribunal de Justicia, con su patotera guardia imperial TAFETIANA a las piñas clausuró la Legislatura provincial para conseguir Reelección indefinida, descabezó la justicia y adaptó el tramposo sistema electoral a su necesidades clientelares, para conseguir la eternidad el poder.

El nuevo emperador con aspiraciones de Rey y de ser considerado Dios, cambió la cultura del trabajo por planes sociales, convirtió a las fábricas en (Exxim, Plegados Pilar) en Boliches, el puerto y los silos en miradores, y cambió el algodón por asistencia social convirtiendo –como lo describe Chilú Legizamon- el sistema productivo en un mecanismo de subsistencia rural, para que cada empobrecido productor lleve 20 súbditos a votar el domingo de las elecciones. Ese es El Modelo

El nuevo Luis XIV, se atribuye la representatividad de un pueblo que lo eligió en elecciones tramposas y amañandas, con votos paraguayos, DNI truchos, aborígenes encerrados, con sublemas rentados de todas las layas, con la gente sometida; con miedo a las represalias, y una JUNTA ELECTORAL adicta integrada por sus principales y más fundamentalistas custodios del Santo Grial.

El monarca como buen déspota que se precie, persigue y condena a los que piensan diferentes, o contradicen sus intereses personales, y se considera con derechos que a imponerlos por la fuerza al resto de los que piensan en cosas diferentes.

Habla en nombre del pueblo amenazando con hacer tronar el escarmiento para intentar limitar la libertad de la “Justicia Federal” que lo acorrala, atribuyéndose una autoridad celestial que no posee y una terrenal que es ilegal, porque como bien señala la Constitución en su artículo 22: “Toda reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de este, comete delito de sedición”.

Paradójicamente, los vernáculos líderes gremiales arlequines de su reino jamás alzaron la voz en contra los bajos salarios, la precarización laboral ni la falta de paritarias provinciales, pero viajan en avión para ir a reclamar en nación lo que callan y consienten mansamente en el feudo.

Él y su corte se comportan como los reyes absolutos de tiempos pasados, aquel que piensa diferente no tiene entidad, ni derechos y debe ser escarmentado por osar expresar sus ideas.

Hoy la clase “superior” no es la monarquía sino el feudalismo que se asumen como los únicos detentadores de la verdadera moral y la representación de su pueblo y los demás caen en una subcategoría infrahumana que debe ser sometida y redimida por ellos.

Porque en la aldea, el único pueblo con derechos es el que ellos definen como tal y están afiliados a su partido. Así, el líder se convierte en el pueblo y con todo derecho puede decir: “El Estado, pueblo y el elegido soy yo“.

Felices Fiestas!!!!

Montoto Paganus

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