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Bergoglio, un nombre para el olvido

Cuando nombran Papa a Jorge Bergoglio Argentina pensó que tenía al embajador más importante de su historia. Pero no fue así.

Al poco tiempo puso en evidencia sus intenciones, para convertirse en la vergüenza más grande para los argentinos y católicos de todos los países.

Confió en el histórico manejo de voluntades respecto a su grey, pero olvidó que los tiempos cambian.

Bergoglio, lo llamo por su apellido porque sus actos desmerecen todos los calificativos que el cargo recibe como Papa. Representante de Dios en la tierra. Máximo prelado. Sumo pontífice. Santo Padre. Vicario de Cristo. Sucesor de Pedro. Obispo de la Iglesia Católica. Patriarca Universal, etc.

Todos estos títulos hablan de algunos Papas que se ganaron la denominación, por ser santos de verdad.

No es el caso de Bergoglio, este individuo aportó información sobre los miles de millones robados en la Argentina y Latinoamérica, fue el vínculo con los ladrones, ejecutó la estrategia que ideó el Vaticano y nos robó la fe.

De un plumazo destruyó la esperanza de millones de fieles en todo el planeta, que aunque en desacuerdo con algunas actitudes del Vaticano la seguíamos manteniendo.

El apóstol Pablo enseñó que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Y el hombre precisa tenerla. Bergoglio se la arrebató.

En la fe descansa el poderío de cualquier manifestación espiritual, y a través de ella se desarrolló por más de 2000 años la Iglesia Católica con mucho éxito económico.

Bergoglio fue la mano visible, el idiota útil que bombardeo sus bases, las cuales temblaron por el éxodo masivo de sus fieles.

Este comprobado terrorista de izquierda establece un contubernio con los principales ladrones políticos de Argentina.

(Hoy se sabe que los funcionarios del gobierno anterior robaron más de U$ 200.000.000.000. Doscientos mil millones de dólares.)

El Vaticano en bancarrota acepta los delincuentes argentinos, los cuales tienen problemas para ocultar el inmenso botín robado a Argentina y ellos se lo pueden solucionar. Le dan entrada directa a Roma, son recibidos con bombos y platillos por Bergoglio, los apoya políticamente tomando partido e impartiendo órdenes en Argentina, los defiende dado que la mayoría están afectados con juicios de muerte, corrupción, robo y estafa al fisco.

Proteger la corrupción y colaborar para que los ladrones puedan volver al poder legalizando el robo no es propio de su cargo, no hay antecedentes tan evidentes en más de 2000 años, a menos que haya grandes intereses económicos conjuntos.

Recordemos que Bergoglio maneja personalmente La Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede, que es la oficina que se encarga de las cuentas y del dinero, así como La Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que rige la administración de los fondos de la Iglesia.

Saquen sus propias conclusiones respecto donde está la plata que le robaron al Pueblo Argentino.

Nunca el Vaticano hubiera aprobado esta actitud suicida de un Papa si no hubiera una necesidad evidente y una supuesta seguridad de impunidad frente al acto corrupto. Si pierden las próximas elecciones los políticos ladrones argentinos, se les acaba la seguridad.

Lo más grave es que está ayudando a destruir una nación, condenando a muerte lenta a la Iglesia, y aplicando un golpe irreparable a la fe del mundo.

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