Política

Mayans perdió la presidencia del resquebrajado bloque del PJ en el senado

La elección de Carlos Caserio (Córdoba) como nuevo jefe de los senadores peronistas obró como un bálsamo en un bloque que había quedado totalmente desconcertado tras la abrupta partida de Miguel Pichetto . Sin embargo, la decisión adoptada ayer es provisional y apenas si alcanza para disimular las fuertes diferencias que atraviesan al PJ en la Cámara alta.

Las divisiones en el peronismo son de tal magnitud que, según pudo saber LA NACION de fuentes confiables, la elección de Caserio no se alcanzó por consenso como se informó de manera oficial, sino que se trató de una pulseada política entre dos candidatos que se resolvió en una cerrada votación.

En esa compulsa, el cordobés terminó imponiéndose por 7 a 5 al formoseño José Mayans, quien también tenía pretensiones de presidir la bancada peronista de la Cámara alta. El entrerriano Pedro Guastavino terció en la votación al recibir el apoyo de dos de sus compañeros.

Para más detalle, al menos dos senadores confirmaron que la votación estuvo a punto de hacerse de manera secreta, al extremo de que se llegaron a repartir papeles para que los senadores pusieran el nombre de su candidato. El sistema terminó descartándose luego de la intervención de un senador que pidió votar «a viva voz». «Cómo vamos a votar de manera secreta, como si tuviéramos desconfianza entre nosotros», fue la frase con la que hizo entrar en razones a sus compañeros de bancada.

Así fue como uno a uno 14 de los 17 legisladores presentes -los tres postulados no emitieron opinión-, fueron anunciando su apoyo.

A favor de Caserio lo hicieron los sanjuaninos Rubén Uñac y Cristina López Valderde, los chubutenses Alfredo Luenzo y Mario Pais; Inés Blas (Catamarca) y Omar Perotti (Santa Fe).

Mayans, en tanto, recibió el voto de su coterránea, María Teresa González y de los fueguinos Julio Catalán Magni y José Ojeda, y los pampeanos Daniel Lovera y Norma Durango. Rodolfo Urtubey (Salta) y Sigrid Kunath (Entre Ríos) apoyaron a Guastavino para la jefatura de bloque.

El detalle de la votación muestra de alguna manera cuál es el mapa que muestra el peronismo en la actualidad. Los votos de Mayans son de las provincias que nunca disimularon su alineamiento detrás de la conducción de Cristina Kirchner , como formoseños y fueguinos; y de aquellos dirigentes que, como el gobernador Carlos Verna (La Pampa), han decidido supeditar sus viejas cuentas pendientes con la expresidenta en aras de la unidad del PJ y del más pragmático objetivo de lograr el regreso del peronismo al poder.

Del otro lado, el apoyo a Caserio expresa a aquellos dirigentes que sin jugar en contra de la fórmula presidencial kirchnerista mantienen cierto nivel crítico al estilo de conducción de la expresidenta y, sobre todo, apuestan a preservarse de cara al futuro que los espera.

Es el caso de los sanjuaninos, que responden al gobernador Sergio Uñac, uno de los peronistas que ya tienen la mira puesta en 2023; y de Perotti, flamante gobernador electo de Santa Fe y a quien le conviene mantener un delicado equilibrio hasta saber quién será su interlocutor en la Casa Rosada después de diciembre.

No sólo los votos expresan la división del peronismo. Incluso las ausencias en la reunión de ayer también dejan al descubierto el mosaico de posturas que es el PJ desde la derrota electoral de 2015.

Así, el faltazo de Carlos Espínola (Corrientes) fue leído por muchos de sus compañeros como una señal más de que ha abandonado el bloque para seguir los pasos de Pichetto. En un breve diálogo con LA NACION, el correntino rechazó esa lectura y ratificó, de momento, su pertenencia a la bancada.

El chaqueño Eduardo Aguilar, que también faltó, se pronunció hoy a favor de la fórmula encabezada por Roberto Lavagna , sumándose así al sub-bloque en el PJ que apoya al economista integrado, además, por Urtubey y Dalmacio Mera (Catamarca), que tampoco participó de la reunión de bloque de ayer.

Todas estas diferencias lograron quedar disimuladas por Pichetto y su personalísimo estilo de conducción de la bancada, el cual la gran mayoría de los senadores peronistas aceptaron por comodidad política.

Desde hace tres semanas, ése dique que contenía las diferencias y peleas internas ya no está. «Los melones se van a acomodar en el camión después de las elecciones», graficó la situación un senador peronista muy afecto a las comparaciones sencillas y campechanas para explicar la política interna de su partido.

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