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Loperfido: El kirchnerismo fue una tragedia: ¿podrá evitar la farsa?

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Por  | Es impresionante cómo la Argentina consigue procesar hechos donde se mezclan en dosis iguales el autoritarismo, la ignorancia y la decadencia intelectual. Todo eso fue la presentación y el delirante discurso de Cristina Kirchner en el tribunal oral, donde es juzgada en el marco de la llamada “Causa Vialidad”.

Convengamos en que el pedido de que su alegato fuera transmitido por televisión daba la pauta de cuáles eran las intenciones de CFK. Una actuación que se alejaría de los carriles jurídicos y que incluiría una sarta de conceptos similares a las insufribles cadenas nacionales a las que sometía al país a lo largo de su presidencia, y donde mezclaría acusaciones, conceptos mal usados y una manera de expresarse altanera y alterada, que pondría en evidencia que no deseaba colaborar con la Justicia en pos de demostrar su inocencia sino dejar en claro que se siente superior y que le gusta amenazar e intimidar. Hacia el final, cuando cita a Fidel Castro (“la historia me absolverá”), su discurso llegó a un pico de patetismo vintage tal que sería desopilante si no fuera tan deplorable. Más allá de las opiniones que tenga cada uno sobre Castro (la mía es muy mala), él pronunció esa frase mientras era juzgado por el asalto a dos cuarteles en el marco de la lucha contra la dictadura de Batista. CFK, en cambio, está siendo juzgada para ver en qué medida participó de las adjudicaciones de obras públicas que llevaron a que la empresa de Lázaro Báez (Austral Construcciones) se convirtiera, entre otras cosas, en la adjudicataria de más del 75% de la mismas en los tiempos de los Kirchner. Como dato simpático recordemos que esta empresa se formó cuando Néstor Kirchner ganó la presidencia y que Báez era un simple empleado bancario que se convirtió en multimillonario. La decadencia de muchas cuestiones se explican con el uso de ciertas frases y hay un viaje sin escalas de lo que muchos incautos creían que era la revolución en los 50 en Cuba a la revolución de los sobreprecios y las licitaciones dirigidas en la obra pública por la que está siendo juzgada CFK.

Cuando Cristina comienza a hablar acerca de que es víctima de lawfare, uno observa varias cosas: la primera es lo mal que pronuncia en inglés CFK, pero esto no es relevante. Lo importante es el histórico mal uso de términos que hacen los defensores del “socialismo del siglo XXI”. Sobre el lawfare nos vienen aburriendo Lula, Rafael Correa, Bergoglio, Alberto Fernández y varios más. Todo aquel que cree que existe un sector político que puede ser beneficiado por la corrupción, pero que no debe ser investigado por la prensa ni juzgado, usa ese anglicismo. Está de moda. Como explicó en un artículo Agustín Prinetti hace unos días en Infobae: “Lawfare es un concepto del ámbito militar, no civil. Consiste en usar figuras del derecho internacional para obtener algo que de otro modo debería conseguirse a través de la guerra. Se aplica a colectivos beligerantes, no a dirigentes políticos”. Como es habitual, usan mal los términos.

Haciendo uso erróneo de este concepto, CFK se victimiza diciendo que le hacen a ella lo que los medios K (que se sostuvieron durante su administración con dinero de la corrupción o con el despilfarro de pauta oficial) se cansaron de hacerles a los opositores. ¿A qué se han dedicado si no productos como “678”, C5NPágina 12 y muchos más por aquellos tiempos? Hasta el mismo Alberto Fernández, que era jefe de Gabinete en la época de Néstor Kirchner, podría explicar cómo le hicieron eso a Enrique Olivera antes de una elección inventándole una cuenta en Suiza que no existía, o a De la Rúa, con la causa sobre los presuntos sobornos en el Senado, que en el juicio oral se demostró que era un disparate. Él lo podría explicar ya que en ambos casos fue el responsable intelectual, realizó las operaciones de prensa con dinero público y buscó potenciarlas con amigos en la Justicia. Esa es la inmoralidad de los K y creen que todos son tan inmorales como ellos. A propósito del presidente electo, es notable que un hombre de leyes, al igual que muchos del coro de obsecuentes, haya elogiado el alegato de Cristina (“fue un acto de defensa maravilloso”) con la falta de respeto a la Justicia que el mismo supuso. ¿Tanto le piden, Presidente electo? Un poco de silencio digno a veces es conveniente.

Pero volvamos al juicio y CFK. De todos los momentos disparatados, hubo uno imperceptible, pero llanamente espectacular: cuando empieza a hablar, remarcando que la aquejaba un cuadro de bronquitis, y pide un poco de “su agua”. Me pregunto, ¿estaba haciendo la parodia del que no bebe cualquier agua por miedo a que le pongan algo o simplemente estaba mostrando que ella sólo bebe un tipo de agua? Todo se asemejaba a una película clase B sobre espías y juicios y con Cristina actuando (mal). Entre otras movidas desatinadas, acusó a Mariano Federici (titular de la UIF que investiga los delitos financieros) de trabajar para el HSBC y remarcó que ese banco tuvo problemas de lavado de dinero (intentando ensuciar a Federici). El funcionario tuvo que explicar después que nunca trabajó en ese banco y advirtió que “está muy mal asesorada”. En lugar de hacer uso del alegato para demostrar su inocencia, CFK lo usa para espetar a gritos una serie de disparates e intentar difamar a gente con embustes.

Otro momento particularmente patético fue cuando se refirió a su hija: “Yo siempre le digo a Florencia, tal vez para consolarla, imagínate lo que le hubieran hecho a Perón y Evita si hubieran tenido hijos. Es el único consuelo que puedo darle”. Su hija está siendo investigada por estar en el directorio de una empresa que administraba un hotel de la familia y que se lo alquilaba a Lázaro Báez, ni más ni menos. La sospecha radica en si a través de ese mecanismo se lavaba dinero y si Lázaro Báez les pagaba a los Kirchner por lo que ganaba en la obra pública alquilando ese hotel. Báez no se dedicaba a la hotelería y no se comprende por qué le alquilaba hoteles a la familia presidencial que, a su vez, le adjudicaba obra pública. Esa es la investigación y, por supuesto, siempre es comprensible la preocupación de una madre por su hija. Pero, ¿no hubiera sido mejor proteger a su hija y no permitir que integrara esos directorios que podrían (por su naturaleza) alguna vez ser investigados? CFK es política y abogada, y puede percibir cuando la naturaleza de un acto puede encarnar un riesgo judicial. Trato de no hacer hipótesis sobre la psicología de las personas, pero estoy seguro de que poner a su hija en el directorio de una empresa que operaba con Lázaro Báez es algo que podría haber evitado. Demasiado riesgo. Ahora toca descalificar a todo el sistema institucional producto de sus malas decisiones. Esa parece ser la conducta.

Mientras acontecía todo esto se anunciaba el nuevo gabinete. Existen dos casos que nos hacen pensar que las acusaciones a la prensa y a la Justicia seguirán. Elizabeth Gómez Alcorta es integrante del CELS (junto con Horacio Verbitsky) y fue la defensora de Milagro Sala, uno de los casos en donde se buscó hasta el hartazgo (incluso internacionalmente) hacer campaña alegando que Sala era una presa política y sosteniendo el mismo discurso que CFK. Se soslayan así los casos de corrupción de Sala y se le da categoría de “perseguida”. Desafortunadamente, esa postura invisibiliza a las víctimas de la violencia ejercida por Sala y sus secuaces. Es notable, además, como aparece siempre Verbistky en medio de estos asuntos. Periodista versátil. La misma versatilidad que tenía cuando era miembro de la organización terrorista Montoneros y trabajaba para los militares al mismo tiempo.

Otro caso interesante de seguir es el de la nueva ministra de Seguridad, Sabina Frederic, a quien le preguntaron si estaba de acuerdo en considerar la organización terrorista Hezbollah una organización terrorista (como es hasta ahora). Su respuesta da miedo y vergüenza: “Fue una exigencia de EEUU. El terrorismo es un problema de la OTAN, no es nuestro”. Estamos hablando de algunos de los episodios mas desgraciados de nuestra historia como fueron los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA. Murieron argentinos y ella dice que es un tema que no nos compete. Nisman murió investigando esos hechos. Todo está cruzado por Hezbollah. Si se trata de desconocimiento, es grave. Si es ideología, nefasto.

“La historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, dijo Marx. El kirchnerismo fue una tragedia para la convivencia y para el respeto a las ideas. Además, fue muy corrupto. Ahora les toca la segunda parte. Sería deseable que puedan evitar la farsa, aunque algunos de los hechos aquí descriptos tienen ese aspecto.

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