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Un Ministro que sólo maltrata y es más desagradable que el coronavirus

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Jorge González, es el colaborador más irrespetuoso, arrogante, egocéntrico y desubicado del gobernador Insfran.

A toda orquesta activó su modo circense, cabaretero y autoritario un escenario donde hacer sus shows unipersonales, eligiendo como víctimas preferidas a las redes sociales, a algún comerciante y a los periodistas que, obligados muchos y por estrictas razones laborales otros, deben cruzarlo cada mediodía.

Ni el coronavirus que lleva a los colegas al encuentro, parece tan desagradable como el arrogante funcionario.

Mientras crece el consenso para que alguna organización nacional que agrupa a periodistas lo declare persona no grata, y pida al propio gobernador que destine algunos de los barbijos tan en boga en estos tiempos, intentando morigerar tanta arrogancia, este viernes, González dio cátedra de su doctorado en Todología.  Jugó a ser comunicador, bajando línea sobre periodismo ….ante los propios periodistas¡¡¡

El desprecio que provoca el ministro está casi tan alineado con la burla que, silenciosamente, genera en quienes alcanzaron a escucharlo, y verlo, al menos, una vez, desde que integra el gabinete provincial.

Una conferencia de prensa es el recurso extremo que se organiza para efectuar un anuncio, por lo general de gran trascendencia.

Debiera saber que una conferencia de prensa es el recurso extremo que se organiza para efectuar un anuncio, por lo general de gran trascendencia; de lo contrario el comunicado escrito es la herramienta más recomendada.

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Pero como no tiene ni idea, o, en todo caso, arma el circo para ser la estrella central y excluyente, y lo maneja a su antojo, sin saber que lo está haciendo; pura ignorancia del agrandado, vicios del fanfarrón petulante que se cree superior a los demás. Un narcisista saca a relucir sus miserias espirituales y, seguramente, de otros ordenes, pretendiendo esconder sus limitaciones.

“ Yo te conozco a vos, y vos a mi también; tal vez no te acordàs, pero yo te ubico a vos cuando trabajabas en la Primera, y……”

A González “por suerte” para los demás, suelen hacerlo rodearse de otros funcionarios, algunas veces de mayor prestigio, trayectoria y predicamento, caso los doctores Aníbal Gómez y Romero Bruno, que a pesar de esforzarse por intentar aportar seriedad, credibilidad y confianza a los informes del Gobierno, naufragan en su intentos cuando el ministro se pone las plumas y las lentejuelas para hacer sus desagradables intervenciones egocéntricas estelares y sus rencores y resentimientos personales.

González mientras trata, sin lograrlo jamás, acomodar su amplia anatomía, cree que del otro lado existe una legión de oídos, televidentes y radioescuchas, apasionados y anciosos por escucharlo. Cree que la estrella es él y no la información que va a suministrar. Cree que la gente va a verlo actuar y no informarse para comunicar.

Su romance con el modo fascista, evidenciado en su carácter totalitario y las actitudes que de ella deviene, tiene un largo camino de ejemplos; el más reciente es el que tiene como escenario a los diarios encuentros con los medios locales para que el Gobierno provincial informe sobre el coronavirus.

Toma examen, prueba, desaprueba y reprende libremente a los periodistas

El ministro ubica a los periodistas enfrentando a los funcionarios, sentados en sillas unos, y detrás de una amplia mesa los otros. Para las preguntas, cada periodista teatralmente debe abandonar su lugar, y utilizar un micrófono acomodado, estratégicamente, a un costado del funcionarato. “Sólo se admite una pregunta, y cada periodista debe identificarse y decir a que medio pertenece”, repite, invariablemente, formalizando un esquema de incomodidad operativa, y un solapado apriete.

Insuficiente, desaprobado

En las últimas horas, le puso un “insuficiente” a un cronista, porque consideró que el comunicador ignoraba la respuesta. Nada más atribulada reacción del funcionario. El periodista puede saber o no de que se trata, pero elementalmente, su rol consiste en llevar el testimonio oficial a la sociedad, y para eso necesita trasladar la palabra del entrevistado.

Puso en altísima evidencia su arrogancia, pero al día siguiente, ante el mismo periodista terminó por enriquecer su clara adhesión a formas fascistas de entender las relaciones.

Algo tocado por el mal momento vivido pocas horas antes, el colega intentó explicarle al mismo González cual fue su intención, por lo cual insistió con la consulta.

Yo conozco tu familia, se donde vivís, cuidado con lo que haces

La reacción del jefe de la cartera política poco o nada tuvo que ver con la conducta que la sociedad espera en el responsable de la seguridad pública y la comunicación oficial. “Yo te conozco a vos, y vos a mi también; tal vez no te acordàs, pero yo te ubico a vos cuando trabajabas en la Primera, y……”, saltó el ministro, en una sincronización cuasi perfecta del apriete ideológico y la advertencia mafiosa, ese que dispone quien se cree más que el otro a partir del conocimiento de la vida de cada uno, y del uso de los recursos del Estado para atemorizarlo.

Gonzàlez, el “Gordo” para el formoseño común que alcanza a saber de quien se trata, posee un discurso que no funciona como racional. Pero, lejos de ser una falta, su método constituye el núcleo de su ventaja: los enunciados que usa, los tonos que afirma, la fuerza que imprime, le permite montar un relato que lleva consigo un “plus” que va mucho más allá del contenido de los enunciados que profiere.

En todas las mitologías, el “héroe” es un ser excepcional, pero en la ideología fascista el heroísmo es la norma

Tiene, además, la capacidad de producir una situación, y montar una atmósfera que advierte la existencia de una crisis que sólo un “líder” con una voluntad férrea es capaz de conducir para superarla.

Por otra parte, en todas las mitologías, el “héroe” es un ser excepcional, pero en la ideología fascista el heroísmo es la norma.  Este ministro juega a ser el héroe y la vedette de un esquema que, en realidad, lo usa a él mismo, y, aunque ignora ese hecho, porque tanta arrogancia lo impide, siempre se detiene en maltratar a trabajadores de una actividad, plagada de requisitos intelectuales y operativos, cuyos actores no pueden publicitar tanta miseria acomodada en un solo ministro, porque responden a empresas que subsisten gracias a la abultada billetera oficial y a la selectiva y generosa pauta oficial.

El gobernador debiera intervenir, pidiéndole que regrese a la tierra, recomendándole además que, antes de aterrizar, se dé un baño de humildad y de respeto.

Al final, el gordo se va a encontrar con todos alguna vez, y, seguramente, tendrá el tiempo eterno para redimirse, o confirmar el contrato social que hoy mantiene. Mientras tanto, el gobernador debiera intervenir, pidiéndole que regrese a la tierra, recomendándole además que, antes de aterrizar, se dé un baño de humildad y de respeto.

Porque, a decir verdad, ningún bien le hace a la comunicación de su Gobierno, ni a la seriedad, ecuanimidad y prudencia que requieren los informes en esta delicada situación de emergencia y aislamiento que vivimos todos los formoseños.

Existen muchisimos funcionarios de su gobierno, como los médicos ya nombrados y tantos otros, sobradamente capacitados y formados para no dejarse seducir tan fácilmente “por la fama y el poder que da la presencia mediática”, y que pueden cumplir noblemente la estratégica función de interés público, que es la de comunicar lo más prudente, seria y fidenignamente a una sociedad angustiada por el aislamiento y la amenaza cierta sobre la salud publica y la vida de los ciudadanos.

No es momento de montajes teatrales, ni puestas en escenas estelares, ni de show personales. Es como tanto gusta repetir al señor ministro de gobierno,es momento de responsabilidad social y de centrarnos en el interés general.

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