Política

Alberto Fernández se muestra con los caciques provinciales más cuestionados

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El presidente de la Nación, Alberto Fernández, retomó las visitas a las provincias en épocas de pandemia eligiendo sus destinos con un denominador común: gobernadores del norte, señores feudales que tienen el control de la provincia en un puño. Lo paradójico es que los mostró como si fueran ejemplos y Tucumán, Santiago del Estero y Formosa están lejos de ser modelos a imitar.

Gildo Insfrán gobierna Formosa desde 1995, es decir, lleva 25 años en el poder de una de las provincias más pobres de la Argentina, donde la mayoría de la gente depende del empleo estatal. Antes de ser gobernador, fue 8 años vicegobernador. En Formosa no existe la división de poderes, todo está dirigido por Insfrán. Raúl Alfonsín, en la década del 80, ya comparaba al caudillo formoseño con el dictador paraguayo Alfredo Stroessner.

Formosa estuvo en el centro de la escena en estos días porque, como denunció El Federal Noticias, miles de paraguayos cruzaron la frontera de manera ilegal para cobrar el subsidio IFE de 10 mil pesos que otorga el gobierno argentino. Debido al coronavirus todas las fronteras del país están cerradas, sin embargo, esto no fue un impedimento para que los paraguayos cobren el subsidio destinado a los argentinos afectados por la cuarentena.

“Junto a Gildo vamos a poner de pie a Formosa”, dijo Alberto Fernández durante su recorrido en esa provincia. Quizá la memoria le jugó una mala pasada al presidente, ya que Insfrán lleva 25 años en el poder formoseño y la provincia sigue arrodillada, si se interpreta las palabras de Fernández al pie de la letra.

El caso santiagueño es similar. El gobernador Gerardo Zamora odia a quienes piensan distinto de él. Lo primero que intenta hacer con las voces disidentes es comprarlas, ofreciéndole jugosos cargos y sueldos. Si no puede comprarlos, arma operaciones para desprestigiarlos. Ese es el modus operandi del gobernador kirchnerista.

Zamora intentó imitar a Gildos Insfran y perpetuarse en el poder, pero la Corte Suprema de Justicia de la Nación le impidió ir por un tercer mandato consecutivo, así que no tuvo más remedio que ungir a su esposa, Claudia Ledesma Abdala como gobernadora. El matrimonio ya lleva 15 años en el poder santiagueño y el año próximo, Zamora irá por una nueva reelección.

El gobernador santiagueño realizó obras faraónicas para la comodidad de los funcionarios, como las torres gemelas para los ministerios de Economía y de Educación, pero la mayoría de los santiagueños están sumergidos en la pobreza, sin agua potable, sin cloacas y deben mendigar las migajas que Zamora les brinda mensualmente.

El mandamás santiagueño se hizo famoso por saltar de la Unión Cívica Radical al radicalismo K. “Yo soy como Carlos Juárez, pero mucho más hijo de puta”, se jactó varias veces. Zamora también copió de Juárez, la sucesión matrimonial. Así como Néstor Kirchner puso a Cristina Fernández, Juárez puso a Nina Aragonés y Zamora puso a Claudia Ledesma. La alternancia política entre matrimonios.

Zamora también tiene en su puño al Poder Judicial de la provincia, que en la práctica funciona como un apéndice del PoderEjecutivo. El Poder Legislativo hay una mayoría “Zamorista”, con pocas voces críticas a la gestión de Zamora.

Alberto Fernández también lo tomó a Zamora como un modelo a imitar.

Otro de los gobernadores anfitriones del primer mandatario fue Juan Manzur en Tucumán, que también tiene un pleno dominio -por ahora- de los tres poderes del Estado, sin importar lo que manda la Constitución Nacional y la provincial acerca del sistema republicano de gobierno.

Manzur ya designó dos ex funcionarios suyos como vocales de la Corte Suprema de Justicia, Daniel Leiva y Eleonora Rodríguez Campos. Los otros tres integrantes fueron designados por su antecesor, José Alperovich: Daniel Posse, Claudia Sbdar y Antonio Estofán. La mayoría automática del menemismo es un espejo del nuevo orden tucumano.

En la Legislatura pasa algo similar. La mayoría de los legisladores son afines al Poder Ejecutivo. Las voces opositoras son muy pocas, debido a un esquema electoral organizado por Alperovich y Manzur en 2006.

Manzur ocupa espacios de poder en la provincia desde el 2003: fue cuatro años ministro de Salud, ocho años vicegobernador (con una licencia de por medio para ser ministro de Salud de Cristina Kirchner) y está transitando el segundo mandato como gobernador.

Alberto Fernández parece haber dejado en el placard el traje de “moderado” y se muestra con gobernadores caudillos, que controlan todo lo que pasa en las provincias. Caudillos del “vamos por todo”, junto a dirigentes amantes de la perpetuidad del poder.

FUENTE: El Federal Noticias

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