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Hola Formosa, para quienes no me conocieron, me llamo Ruben Baldomero Nuñez, hijo de Doña Juana Nuñez.

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Naci el 24 de Agosto de 1953, en algún lugar del Paraguay que ya no recuerdo.

Pase mi niñez en Banco Marina, junto con mi madre, Juana Núñez y mis hermanos vivimos en barrio Las Delicias, posteriormente en Villa Belgrano, para finalmente, radicarnos en la costa norte del riacho Formosa, próximo al Puente Blanco.

Ingrese a la Escuela N° 88. En esa época fui mordido por un perro. Más allá del deterioro físico, ese accidente me marcó mentalmente para siempre. A partir de allí comenzó en mi un personaje inolvidable para Formosa.

Tuve la suerte de haber vivido la mayor parte de mi corta vida en mi Formosa querida y de haberme transformado en ese personaje risueño, del que mucho se dijo y se seguirá diciendo, luciendo mi único traje marrón con algunas rayitas apenas visibles, producto del paso del tiempo y del poco aseo, entregando a mi manera un poco de alegría sobre todo a los chicos de la época, que seguramente hoy son abuelos, podrán hablarle de mi a sus nietos y de otros amigables y queribles personajes, como Pato, que siempre andaba diciendo “estamos todos locos” y se reía y el recordado Mama chupeta, que con su gran chupetón y su potente voz recorría las calles, entregando alegría, intentando siempre vender algún comestible a través del cual entregaba también parte de su corazón noble.

Hace unos días, le hice un agujerito a una nube y me pareció ver a otro ponderable personaje, que alegro por muchos años, como integrante de la mas antiguas de las comparsas que aun sobreviven, (fuerte competidora de Maracangala Do Sud o Malumba o Ibera), me estoy refiriendo a la más que cincuentenaria  Guajira, que tuvo la suerte de contar entre sus estrellas al popular Tomasito, historia viviente de una Formosa añorada.

Por mi parte transitaba las calles de la ciudad con mi rueda (una llanta de bicicleta enganchada en un alambre), haciéndola rodar al compás de mi lento andar, sin que me preocupara demasiado el tiempo, ya que, al levantarme cada mañana, ni norte era el horizonte.

Yo fui como la mariposa, nadie nunca supo donde dormía.

Recorrí por muchos años las calles pobladas con las más hermosas flores perfumadas que brotaban de aquellos árboles que distinguen a esa ciudad, chivatos y tantos otros, que invitan a los turistas a soñar de noche y de día con postales de singular belleza.

En la década del noventa fui trasladado a un centro de salud neurosiquiátrico de Córdoba y nunca mas volvi, físicamente.

Pero hoy regreso para contarles mi mirada sobre la actualidad de mi Formosa, ya que desde mi partida por los 90, se sucedieron acontecimientos desde los que cada tanto aprovechando la magia del Wiffi puedo leer desde la compu que por ahí compartimos con Pato y Mamachupeta, ya que a pesar del tiempo somos vecinos y nos seguimos juntando para hablar de aquellos tiempos.

Tu amigo Baldomero.

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