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Alejandro Borensztein: “El humor político desnuda al poder y lo deja en ridículo”

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Cada domingo de los últimos trece años, Alejandro Borensztein propone una mirada ácida y aguda sobre la coyuntura nacional e interpela al poder desde su columna de humor político en Clarín.

En diálogo con Cristina Pérez, el columnista subrayó que “la ridiculización del poder es lo más doloroso para el poder” ya que “una cosa es una crítica sesuda de un tipo serio y otra cuando das justo en el blanco con algo que los desnuda y los deja en ridículo”.

“La gente lee mucho más el humor que las otras cosas. Al poder le duele particularmente eso porque se supone que es duro y fuerte. Es como bajarle los pantalones en la mitad de la 9 de Julio. Hay un temor del poder en general ante la posibilidad de quedar en ridículo”, añadió en Radio Mitre.

“Lo vivo como un torero. Soy algo chico con una capa roja y ahí viene una bestia con dos cuernos gigantescos. Salís al ruedo y estás enfrente de personas con inmenso poder. Uno es muy chiquitito al lado de todo lo que desafía con un comentario. Lo único con lo que se puede defender es con una capa”, reveló.

El éxito rotundo cosechado cada fin de semana con sus artículos que atraviesan a un mosaico de lectores llegó de forma imprevista a su vida.

El hijo del mítico Mauricio Borensztein, mejor conocido como Tato Bores, se formó como arquitecto y trabajó casi toda su vida en ese oficio.

No obstante, hacia fines de la década del 80, incursionó en el mundo televisivo junto a su padre y a su hermano Sebastián.

“Empecé a hacer tele con mi papá y mi hermano a fines de los 80. No quería escribir sino producir: pensar ideas y hacerlas. Pero las circunstancias hicieron que Sebastián y yo tuviéramos que escribir los programas y eso nos dio una especie de gimnasia”, recordó.

Tras su paso por la pantalla chica, Alejandro Borensztein encarpetó el talento adquirido al escribir los guiones de Tato y regresó a la arquitectura.

Sin embargo, en los albores del kirchnerismo, el arquitecto envió al diario Clarín una carta de lectores que despertó la curiosidad de los editores y que terminó siendo publicada como nota editorial.

“A partir de ahí, me dijeron que tenían las puertas abiertas. Escribí una, dos y después tres, y ya llevo 13 años escribiendo todos los domingos. Era absolutamente impensado e imprevisto. La vida me demostró que a veces salen mejor aquellas cosas que no planificamos tanto. Me fui encontrando semana a semana con una cosa que funcionando cada vez más y que me fue llevando a publicar siete libros”, manifestó.

Por otra parte, el entrevistado afirmó que la realidad argentina es una fuente inagotable de materia prima para sus piezas cargadas de ironía debido a que “hay mucha cosa absurda y que da para tomarla de manera humorística y desopilante”.

En relación al escenario político desplegado, Borensztein analizó las oscilaciones discursivas de Alberto Fernández al considerar que “ya en la campaña, él iba a un lugar y decía una cosa conforme al auditorio que lo estaba escuchando y después iba a otro y decía lo contrario”.

“Antes había un albertismo del miércoles y otro del jueves, pero ya nos perdimos. Hace un par de semanas, cuando recibe a los empresarios y les afirma que no están ahí para hacer locuras y cuatro días anuncia la expropiación de una compañía. Son dos personajes distintos”, opinó.

Bajo su perspectiva, “cuando el peronismo se radicaliza y va hacia el kirchnerismo, pierde volumen y apoyo porque la sociedad no quiere eso masivamente”.

“El peronismo se puede dar un lujo que ninguno otro sector político se puede dar: ser víctimas y verdugos al mismo tiempo. Y en cuanto se radicaliza, va quedando solo. Alguien tiene que mostrarle una mirada más amplia”, acotó.

En esa línea, Alejandro Borensztein subrayó que la pandemia de coronavirus “abre una oportunidad que depende de quienes tienen la capacidad de decisión de hacer los gestos fuera de libreto y de animarse a hacer lo que hay que hacer”.

“Está probado que no se puede construir un país con medio país en contra. No pudieron Cristina ni Macri. La única forma es encontrar un camino que una a la sociedad y eso es responsabilidad de las cabezas. Esta debería ser una oportunidad para la Argentina”, enfatizó.

Por último, el articulista destacó que esa posibilidad de cohesionar la grieta recae en Alberto Fernández, al que la emergencia “le permitiría hacer una convocatoria amplia que jamás hubiera hecho Cristina y es la que debió ver hecho Macri”.

“Sin embargo, hasta ahora, Fernández ha demostrado que no tiene ninguna intención de hacerla”, concluyó el escritor.

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