Guy Williams y Araceli Lisazo

Guy Williams y Araceli Lisazo

Su casa de Potrero de Los Funes, San Luis, está llena de recuerdos de él: desde la “Z” que se dibuja en su terraza hasta el retrato de ambos que cuelga sobre el respaldo de su cama. Es que Guy Williams, el protagonista de El Zorro, fue el único gran amor en la vida de Aracelli Lisazo Ozcoidi (64). Ambos se conocieron en enero del ’78, cuando él tenía 54 años y ella, apenas 24. Pero el flechazo fue tan profundo, que hizo que la diferencia de edad nunca se notara. Y a casi tres décadas de su muerte, la actriz argentina que logró conquistar al mayor ídolo de grandes y chicos, no deja de llorar por él. Ni siguiera, durante su charla en exclusiva con Teleshow.

Mucho se ha dicho acerca del triste final del actor de Hollywood. Sobre todo, por el hecho de que su cuerpo sin vida fuera encontrado por sus vecinos seis días después de su fallecimiento, ocurrido a raíz de un aneurisma cerebral el 30 de abril de 1989, en su departamento de Recoleta. Sin embargo, Aracelli asegura que al momento de su muerte Guy no estaba solo. Y revela un dato conmovedor: “El 1° de mayo, día de mi cumpleaños, él iba a llamar a mi casa para pedir mi mano en matrimonio”.

Araceli Lisazo y Guy Williams

Araceli Lisazo y Guy Williams

—¿Cómo fue eso?

—Hablé con Guy el 30 de abril a la tarde y él quedó en que al día siguiente me llamaba, pero no me llamó… Yo llevaba mucho tiempo sin poder festejar mi cumpleaños con mi familia, así que ese año decidí pasarlo en Los Toldos con ella. Y él no me pudo acompañar porque estaba en juicio con la revista Antena y, en esos días, tenía una entrevista con su abogado. Por eso él estaba solo, como dicen, el día que falleció. Pero fue algo circunstancial.

—¿Ese día le iba a pedir matrimonio?

—Sí. Se supone que murió el 30 porque es lo que calcularon los peritos, pero para mí murió justo el día de mi cumpleaños. Nunca se va a saber… El tema es que yo me había separado de él en el ’84, porque la ex mujer (Janice Cooper) no le daba el divorcio. Y, en esa época, era muy duro estar en una relación sin papeles. Yo era chica y venía de una familia muy tradicional, de pueblo. ¡Así que era un escándalo esto de que la nena anduviera de novia con un actor de Hollywood casado! Porque, aunque él estuviera separado, no estaba legalmente divorciado. Y eso fue muy problemático en nuestra pareja.

—¿Entonces?

—Terminamos. Yo me casé con otro, casi por rebeldía. Y Guy pasó tres o cuatro años con otra pareja, pero en marzo de ese año se separó definitivamente por cuestiones que a él no le gustaban. Entonces me vino a buscar. Yo había tenido una discusión un poco violenta con mi marido y él me dijo: “Con ese hombre no podés seguir”.

—¿Ahí se reconciliaron?

—Claro. Nosotros teníamos un pacto de no tocarnos mientras estábamos con otras personas. Pero él me dijo: “Ya nos podemos tocar. Yo estoy solo, así que vos tenés que dejar a tu marido y listo”. Y yo lo dejé a mi esposo, para irme a su casa con él. Estuvimos más de veinte días juntos y escribimos un montón de cosas que nunca pudimos rescatar de su computadora, pero él me dedicó varios versos de amor. Y hasta le dimos una nota a la periodista Silvia Rojas, en el café Petit Colón, dónde yo le hice de traductora porque él hablaba muy mal el español. Así que la pasamos de maravillas hasta el 26 de abril, que yo me fui para Los Toldos.

Guy Williams en Los Toldos

Guy Williams en Los Toldos

—¿Cómo fue esa despedida?

—Me acuerdo que él me dio sólo la llave de abajo del edificio, porque no encontraba la de arriba que le había dejado su ex amiga. Yo le pedí que la buscara para dármela y le dije: “¡Mirá si te pasa algo!”.

—¿Un presentimiento?

—Si yo hubiera tenido un presentimiento, capaz que le salvaba la vida… No sé, quizá llegaba a tiempo para socorrerlo. Pero él me contestó: “Si me pasa algo me sacan por el olor…”. Y los dos nos reímos. Porque había un juego entre nosotros que, de alguna manera, me había hecho creer que Guy era inmortal…

—¿Qué juego?

—En la noche que tuvimos nuestro primer encuentro de amor, él me preguntó qué quería tomar. Y yo, que venía de vivir en Europa, quería impresionarlo y sabía que entre el ’71 y el ’74 había sido la mejor vendimia de uva blanca, le dije: “Un Don Perignon del ’71”. El me respondió: “Okay”. Entonces se levantó, fue al frigobar y abrió la puerta. ¿Sabés qué era lo único que había en esa heladerita?

—No puede ser…

—Sí: un Don Perignon del ’71. Y era imposible que él hubiera comprado esa botella. Así que estuve muchos años preguntándole de dónde la había sacado, siempre con una excusa distinta. Pero él me miraba, me guiñaba un ojo y me decía: “¿Non sai chi sono?”, que en italiano significa: “¿No sabés quién soy?”. El jugaba. Hasta que un día le dije: “¿Quién sos?”. Y él me respondió: “Soy inmortal, y no por ponerme un antifaz negro…”.

Guy Willliams como “El Zorro”

Guy Willliams como “El Zorro”

—¿Inmortal?

—Sí. Y yo seré una estúpida, pero en algún punto llegué a creerme que Guy era inmortal. Eso hizo que no me preocupara por su salud. Porque estaba convencida de que él era inmortal. Yo estaba muerta de amor por ese hombre. Había tenido muchos novios que no me habían sabido hacer feliz y encontré en él a alguien que me dio vuelta como una media. No podía ver más que por sus ojos. Quizá, si no hubiese estado tan enamorada y si hubiese sido un poco más realista, hubiera pensado que le podía haber pasado algo malo…

—¿Y qué pensó cuando el llamado del día 1° no llegó? ¿Qué se había arrepentido de casarse?

—Eso no. El me había dicho: “Decile a tu mamá que esté al lado del teléfono porque le quiero pedir tu mano. Me quiero casar con vos en la iglesia de Los Toldos, para que ella se dé el gusto de su vida”. Y él era un hombre de palabra, así que nunca pensé que se hubiera arrepentido. Pero tampoco me imaginé que le hubiera podido pasar algo a él. Creí que quizá podía haberle pasado algo a sus hijos (Steven y Toni Catalano) y que, de repente, se hubiera tenido que ir a los Estados Unidos.

—¿Qué hizo usted, entonces?

—No me acuerdo bien. Mi mamá me dijo que me metí en la cama y que lloré. Sé que es esperamos el llamado. Y que después yo intenté comunicarme con él, pero nunca me atendió. En aquella época no había celulares. ¡Pedías una llamada de larga distancia y la operadora te tenía una hora esperando! Por eso ahora, que hay tanta tecnología, es difícil entender por qué no pudimos contactarnos con él. Pero mi dolor fue tan grande, que lo somaticé en una hepatitis por la que estuve internada todos esos días en los que él estuvo muerto en su departamento.

Araceli Lisazo y Guy Williams

Araceli Lisazo y Guy Williams

—¿Cómo se enteró, finalmente, del desenlace?

—Me llamó el hijo de la ex novia. La policía la contactó a ella, que había estado con él hasta el mes anterior, porque el portero del edificio tenía sus datos. Y, como ella dijo que ya no tenía nada que ver, el chico se comunicó conmigo. Si hasta me pelee con esa criatura…Le decía: “¡Es imposible que esté muerto, si Guy es inmortal!”. Cuando corté con él, me desmayé.

—¿Pudo despedirse de Guy?

—Sí, claro. No me dejaron verlo por el estado en el que se encontraba, pero fui a despedirme. Mirtha Legrand dijo que habían estado sólo Fernando Lúpiz y ella en el entierro. Pero en el velorio, al que ella no fue, estuvo Zulma Faiad sentada durante horas al lado mío. Yo estaba con 42 grados de fiebre por la hepatitis y me castañeaban los dientes. Había somatizado porque nuestra relación era simbiótica. El se pinchaba un dedo y me dolía a mí. Por eso no entiendo cómo no me di cuenta de que él estaba tirado en el suelo…Y no me lo puedo perdonar.

—¿Cómo siguió su vida después de eso, Aracelli?

—Seguimos sufriendo con Fernando Lúpiz. El tuvo que pelear en Actores para que Guy tuviera un lugar, porque nadie lo venía a buscar de su familia. Hubo un amigo llamado Carlos, que era como su albacea, que fue el encargado de pagar el sepelio y de comunicarse con sus hijos por teléfono. Pero ellos no vinieron nunca a buscar sus restos. De hecho, él estuvo once años en la Argentina y los chicos jamás vinieron a verlo…

—¿Y qué pasó entonces con sus cenizas? ¿Se cumplió la voluntad de Guy de que fueran esparcidas en las montañas de California y el Océano Pacífico?

—A los dos años, este amigo que necesitaba cobrar el dinero que había puesto pero nadie se hacía cargo, tomó las cenizas de Guy y se fue a Los Angeles para llevárselas a su hijo. Y él, después, se encargó de esparcirlas. Pero ni él ni su hermana vinieron nunca a la Argentina. De hecho, fue Fernando Lúpiz el que consiguió que en su sepelio lo cubrieran con la bandera de honor de los Estados Unidos, aunque yo después la rechacé y dejé que se la dieran a la ex novia. Es que el dolor mío era tan grande, que en ese momento no me importaba nada…

Guy Williams y Araceli Lisazo