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Con el camino perdido, Boca jugó mal otra vez y apenas empató con Huracán

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La gloria no tiene fecha de vencimiento. Boca siempre será el bicampeón 2017-2018. Pero hace una semana perdió la punta que mantuvo en su poder durante 617 días. Fue ante Estudiantes, con derrota incluida. Y en Parque de los Patricios extravió definitivamente el gol. Sí: a pesar de la abundancia de su ataque, Guillermo no le encuentra la vuelta al juego. Decide jugar sin “9”, justo este “7” bravo que supo alimentar al extraordinario Martín Palermo en su época dorada. Regala una hora sin Ramón Ábila, su goleador. Se guarda a Darío Benedetto, que pide pista después de la lesión pero no salta del banco. No concentra a Carlos Tevez y ubica a Mauro Zárate en una posición incómoda. Ni siquiera Cristian Pavón está en el nivel que lo impulsó al Mundial.

Boca tiene demasiados delanteros para tan pocos goles. Y más allá de los dos gritos que pegó en la Copa Libertadores y sostienen su ilusión continental, fronteras adentro decepciona. Un gol en la Superliga, ante Talleres en el amanecer del torneo y dos partidos carentes de contundencia. Y de volumen de juego. Porque a pesar del regreso de Fernando Gago, no hay circuito, no fluyen las sociedades. Apenas cuando se juntó con Agustín Almendra, el punto más alto de un equipo con falencias individuales y colectivas. Huracán mereció algo más. Por la actitud del segundo tiempo. Le faltó terminar mejor las jugadas.

Pareció un capricho del entrenador jugar sin una referencia de área. Especialmente, por el tránsito que tomó el partido. Y por el planteo del rival, programado para presionar y apostar a la segunda pelota. Era necesario contar con un centrodelantero del estilo de Wanchope para aguantar arriba y permitir el desborde de los extremos. Barros Schelotto creyó que a bordo del 4-1-4-1 podía armar un buen tándem con Zárate, Gago y Almendra. Apenas una vez se encontraron el capitán y el pibe que para el Mellizo es el Pogba del fútbol nacional. Fue en el desenlace del primer tiempo, cuando Gago tocó de primera, el juvenil rompió por el medio, metió la diagonal y remató al arco. Primero, lo cruzó Federico Mancinelli notablemente. Después, disparó cruzado. Su tiro se perdió a centímetros del palo derecho de Marcos Díaz.

Resultó, a fin de cuentas, la única llegada de un equipo que tuvo un montón de problemas en la gestación. Mucho tuvo que ver su adversario. Huracán se mostró muy activo, dispuesto a redoblar las marcas y recuperar la pelota con intensidad. No le permitió jugar con libertades a Boca. Y encontró facilidades por los costados, sobre todo, en el sector que debía proteger Lucas Olaza. El uruguayo sufrió horrores con Carlos Auzqui y Andrés Felipe Roa. El colombiano enseñó esa técnica que sedujo a Gustavo Alfaro en Deportivo Cali. Estuvo impreciso en el primer tiempo, más allá de sus buenas intenciones. Por momentos, egoísta. Con dos volantes centrales rudos y tres hombres detrás de Andrés Chávez, el Globo apretó, incomodó a su visitante ilustre, pero no fue claro cuando pisó el área. Y perdió a un valor muy importante. Walter Pérez, el chico que hizo todas las divisiones de marcador central, que empezó a fluir en Reserva de lateral y terminó jugando de volante externo por decisión de Alfaro, tuvo que dejar la cancha.

Esteban Andrada salió muy lejos, pero se salvó gracias a un extraño recurso

Boca no tuvo potencia adelante ni elaboración en el medio. Guillermo recién intentó corregir esas deficiencias cuando ya se había consumido un cuarto de hora del segundo tiempo. Primero, mandó a la cancha a Wanchope en lugar de Sebastián Villa, que había perdido en el mano a mano con Cristian Chimino. Después, ingresó Edwin Cardona en lugar de Zárate, que no funcionó de “9” ni de mediapunta. Cambios que pedía el entretiempo y llegaron muy tarde.

Y Huracán, que había sido más agresivo en la marca que en el juego, adelantó sus líneas. Lo tuvo Auzqui, después de un buen anticipo de Saúl Salcedo, un pase de Roa y un remate de Auzqui que pegó en el techo del arco. Casi lo gana con una pelota parada, un córner de Roa que cabeceó Mancinelli y por unos centímetros no se transformó en la remake del primer gol de Estudiantes. Al Globo le faltó un zurdo por afuera para aprovechar las flaquezas de Julio Buffarini. Garro superaba al lateral, pero quedaba mal perfilado. Alfaro lo advirtió. Entró Lucas Gamba, salió Auzqui y volcó al mendocino a la derecha.

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