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Cristina Kirchner impuso a Silvina Batakis como ministra de Economía

Después de horas de insistencia por parte de sus colaboradores más cercanos, y de la presión de dirigentes de todos los sectores del Frente de Todos, Alberto Fernández se encerró solo en su despacho de Olivos, pasadas las 20, y llamó a Cristina Kirchner. Cuando cortaron, desde la quinta presidencial anunciaron a Silvina Batakis como nueva ministra de Economía, una decisión que dejó satisfecha a la ex Presidenta y que en la noche de este domingo no alcanzaba a saciar la gravísima crisis política y económica en la que quedó inmerso el Gobierno tras la renuncia de Martín Guzmán y la interna sin pausa entre la pareja gobernante.

«El Presidente @alferdez designó a Silvina Batakis al frente del Ministerio de Ecomía (sic). Batakis es una reconocida economista que cumplió esa función en la provincia de Buenos Aires entre 2011 y 2015″, oficializó Gabriela Cerruti, la portavoz de la Presidencial, a las 21.54 a través de su Twitter.

Batakis había sonado durante el fin de semana como una de las reemplazantes de Guzmán, que renunció a Economía unilateralmente en la tarde del sábado con una carta publicada en sus redes que el Presidente conoció solo un par de horas antes, y que sorprendió a Cristina Kirchner una vez que terminó su incendiario discurso en Ensenada, en el corazón del Gran Buenos Aires, con durísimas críticas a la gestión presidencial.

La secretaria de Provincias del Ministerio del Interior fue funcionaria bonaerense de Daniel Scioli, a fines del 2015 fue rescatada por el kirchnerismo, tiene buena relación con Cristina Kirchner, adhiere a las ideas del Instituto Patria y reportaba a Eduardo «Wado» de Pedro. Arrastra, en ese sentido, un dato auspicioso para el Gobierno: por su rol actual, trabó un nexo con los gobernadores. Pero no había sido durante las últimas horas la postulante más promocionada: se mencionó con insistencia a Marco Lavagna, Emmanuel Álvarez Agis, Martín Redrado y al propio Sergio Massa, otro de los principales protagonistas del fin de semana.

El presidente de la Cámara baja visitó la quinta presidencial dos veces este domingo, y su incorporación al gabinete fue parte de las complejas negociaciones que se desarrollaron entre Olivos, las oficinas del líder del Frente Renovador y el departamento de la ex Presidenta en Juncal y Uruguay, en el barrio porteño de Recoleta.

Hasta que el Gobierno comunicó a Batakis como el único cambio de gabinete, las versiones fueron incesantes, y daban cuenta de una reestructuración mucho mayor con Massa como figura central de un eventual nuevo esquema de poder.

El presidente de la Cámara baja estuvo dos veces en Olivos. Primero antes del mediodía, y se retiró a media tarde. Volvió a las 17, después de pasar por su oficina de Tigre y comunicarse en reiteradas oportunidades con sus socios del kirchnerismo. A algunos de sus colaboradores que sonaban para alguno de los cargos en danza les pidió que estén atentos.

Según trascendió, Massa pidió, sin éxito, por un acuerdo amplio entre los socios mayoritarios del Frente de Todos, la Jefatura de Gabinete bajo su cargo y el control del gabinete económico: el Palacio de Hacienda, la AFIP y el Banco Central.

Movió sus fichas hasta el final, pero no tuvo consenso interno. Al menos por ahora. Para colmo, el ministro de Desarrollo Productivo, cuya entrada al gobierno fue rechazada por el ex intendente de Tigre, fue de los primeros en saludar por las redes el anuncio sobre Batakis.

De hecho, hacia el final de la noche, Juan Manzur y Cerruti tenían previsto realizar una improvisada conferencia de prensa desde la sala de prensa de Olivos con detalles de la entrada de la nueva funcionaria. La puesta en escena apuntaba, en parte, a apuntalar al jefe de ministros, uno de los que sonaba para dejar el gabinete. El anuncio no se pudo hacer porque solo ocho vecinos caceroleaban y gritaban sobre la calle Villate. Una metáfora perfecta de la actualidad del Gobierno.

Cuando el Presidente se encerró solo en su oficina de Olivos a hablar por teléfono con la Vicepresidenta, las presiones puertas adentro para aplicar una cirugía mayor en el gabinete ya eran extremas. La última vez que habían hablado fue el viernes 10 de junio, en el acto de YPF en Tecnópolis, que derivó en la renuncia de Matías Kulfas. 

Incluso el círculo más cercano de Fernández insistía por una comunicación con la ex mandataria, a la que el Presidente, cuestionado hasta por sus más leales, se resistía en soledad. Su liderazgo a partir de este lunes sigue pendiendo de un hilo. 

«En eso trabajamos», le dijo a este diario a las 19.39 un estrechísimo colaborador presidencial que llegó a Olivos temprano. En una de las salas de reuniones de la Jefatura de Olivos esperaban por el llamado Juan Manuel Olmos, Santiago Cafiero, Julio Vitobello, Vilma Ibarra, Gustavo Béliz, Claudio Ferreño y Cerruti, entre otros, además de Manzur y de Massa.

Hasta Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, tuvo que interceder, según confió por televisión: resaltó que había llamado al Presidente, que Fernández le aseguró que había intentado hablar con la vice y que no tuvo respuesta, y entonces la dirigente le pidió que insista. Desde el kirchnerismo filtraban por esas horas que la ex Presidenta esperaba la comunicación.

«No hay antecedentes en la historia de una situación así. Esto es un fracaso», resumió un rato antes un sindicalista de los más importantes de la cúpula de la CGT -este lunes tiene previsto reunirse para analizar la crisis- que seguía azorado a través de su teléfono y en contacto con sus colegas las negociaciones en el seno del Frente de Todos.

A última hora del día, desde el entorno presidencial le aseguraron a Clarín que, por ahora, «no habrá más cambios», a pesar de la fragilidad política y económica del Gobierno y de la desazón de los dirigentes de todos los sectores de la coalición consultados por este diario que se fueron a dormir con gusto a poco. E inquietos por la reacción de los mercados a partir de este lunes.

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