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¿Cristina quiere realmente abrir el Congreso?

Cristina Fernández de Kirchner presentó ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación una acción declarativa de certeza para que el máximo tribunal se expida sobre si el Congreso de la Nación puede sesionar, haciendo uso de la tecnología, por vía remota.

Cómo bien lo expuso en su cuenta de Twitter el abogado constitucionalista y experto en derecho parlamentario, Diego Armesto, el artículo 66 de la Constitución Nacional establece que cada Cámara del Congreso hará su reglamento, mientras que el art. 14 del reglamento de la Cámara de Diputados y el art. 30 del reglamento del Senado, disponen que en casos de “fuerza mayor”/ “gravedad institucional” el ámbito para sesionar puede llevarse a cabo fuera de la sala de sesiones.

Por lo dicho, si las autoridades del Congreso de la Nación consideran que es necesario establecer una modificación o ampliación reglamentaria para sesionar a través de las nuevas tecnologías puede, en vez de depositar una decisión que es propia en otro poder del Estado, reunirse en un lugar amplio que permita respetar las distancias y demás condiciones que exigen hoy las normas sanitarias.

La presentación de la procesada presidente del Senado ante la Corte, por otra parte, está destinada a legislar impuestos, y no a revisar los DNU que ha dictado, sin controles, el Poder Ejecutivo Nacional, pese a que el Congreso ya está en mora, respecto de la revisión de muchos de ellos.

A partir de este análisis, solo cabe concluir que el oficialismo –que no contaría con el número necesario en sus propias filas para aprobar el impuestazo de Máximo- sólo dice que quiere abrir el Congreso y, en cambio, dilata su apertura. A la vez, y al mejor estilo kirchnerista, no se priva de enviar un mensaje extorsivo a la sociedad: ojo, que si el Congreso se abre va a ser para ponerles más impuestos.

Es tarea de las fuerzas opositoras denunciar la dilación y sortear el mensaje extorsivo: el Congreso debe funcionar en la emergencia, sobre todo, para controlar al poder. Porque ante la masiva e inédita restricción de derechos, jamás registrada desde la restauración democrática, hacen falta los contrapesos republicanos. Y un solo poder funcionando, no es república.

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