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Diego Simeone: cómo transformar un “fracaso” en gloria

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Todavía late esa escena que cuenta al gladiador. Diego Simeone tenía un desencanto en la cara y un dolor que se le adivinaba en el alma. El Atlético de Madrid, el Atleti del Cholo, se acababa de quedar afuera de la Champions League en esta temporada. El lo sabía más allá de que nadie se lo mencionara en aquella conferencia. Se trataba de otra pieza en el rompecabezas de su estigma: la máxima competición continental era (y es) la única Copa que no figura en el palmarés del ciclo del entrenador argentino en el club, el más exitoso en la institución que en el último abril cumplió 115 años. Era un dolor distinto, claro, al de las dos finales perdidas. Ambas ante el Real Madrid;el 2014, en Lisboa; y en 2016, en el Meazza de MilanDiciembre del año pasado parecía el final europeo para Los Colchoneros.

El 1-1 frente al Chelsea, en Stamford Bridge, resultaba la certeza de que el Atlético quedaba tercero en el Grupo C. Es decir, debía continuar su recorrido internacional en la Europa League, esa que Simeone ya habían levantado en 2012 frente al Athletic de Bilbao y de Bielsa. En la Champions había pagado muy caros sus pecados frente al Qarabag, de Azerbaiján, esos dos empates con sensación de absurdo.

Entonces, ahí en la sala de conferencias, en territorio del Chelsea, el entrenador argentino escuchó la pregunta. Conocedor del juego, sabía que la palabra “fracaso” iba a aparecer. Responsabilidad de Simeone: desde su llegada al Atlético subió el listón.

-¿Entiende esta eliminación como un fracaso?, lo consultaron.

-Nada de eso. El equipo está bien y competirá en todo lo que venga. Hay un nuevo desafío, otra ilusión. Y hacia allá vamos… Se llama Europa League.

-¿Y ahora cómo se hace para motivar al plantel?

-Nosotros nos motivamos por jugar con la camiseta del Atlético de Madrid. No necesitamos el nombre de una competición para motivarnos. Acá es así…

Ese fue el instante fundacional de esta conquista. Ante la adversidad, coraje. Ante la derrota, un nuevo horizonte competitivo. Receta sencilla: resiliencia pura. Y el recurso de siempre: el cuchillo entre los dientes.

Los jugadores entendieron el mensaje. Se hicieron fuertes de nuevo. La legión de gladiadores se rearmó. “Cayó a la Europa League”, decían los medios de la capital española. “Vamos por la Europa League”, repetía Simeone. Y fue. A su modo y manera: con un equipo bravo, intenso, convencido, invariablemente generoso en la entrega. “Somos una familia y necesitamos de todos”, dijo hacia adentro y sugirió hacia afuera, cuando lo consideró necesario.

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El sorteo de 16avos resultó satisfactorio: el Copenhague. Dos victorias, 5-1 en la serie. Siguió a paso firme: Lokomotiv Moscú (ahora ya campeón de la creciente Premier League de Rusia), en octavos. Otros dos triunfos, 8-1 en el global. Ya lucìa candidato. En cuartos aparecieron las primeras complicaciones y la primera derrota. Con el Sporting Lisboa pasó tras ganar 2-0 en la ida y caer 1-0 en la revancha. Luchó como siempre.

En las semifinales, ante Arsenal, también fue parejo. Y polémico: en el Emirates Stadium, al Cholo lo expulsaron. El partido terminó 1-1. El encuentro de vuelta lo vivió como un perro enjaulado, en el palco, apenas acompañado -un rato- por su mamá. El Atlético ganó 1-0. El Cholo festejó como un hincha más. Agitando una bufanda roja y blanca con el escudo del Aleti. Esa fue la postal del acceso a una nueva final, la quinta en Europa para su ciclo.

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Y luego llegó esta final que no tendrá olvido. En el Stade de Lyon, otra vez desde el palco, Simeone gritó hasta la disfonía que lo acompañará toda la semana. Festejó de nuevo. Es el sexto título del ciclo más feliz.

Resulta, sobre todo, la consolidación del protagonismo de un equipo creado a imagen y semejanza del Cholo. Resulta también un idilio la imagen del desenlace: el abrazo imaginario entre los hinchas que acompañaron desde Madrid y el más colchonero de los colchoneros.

Los hinchas del Atlético de Madrid, en Lyon, justo antes de la final de la Europa League. (REUTERS)

Los hinchas del Atlético de Madrid, en Lyon, justo antes de la final de la Europa League. (REUTERS)

Unos y otros lo sabían y lo saben: esta conquista nació el día de aquel tropiezo en Londres. “¿Fracaso?”, preguntaba Simeone. El fracaso es sólo para quienes no lo intentan. Y este tipo nunca para de intentar…

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