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Diego Simeone gritó campeón, se sacó la espina con el Real y agrandó su historia

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El 22 de diciembre de 2011, mientras Boca salía campeón invicto del Torneo Apertura, en España el Atlético de Madrid emitía un comunicado. “La Comisión Ejecutiva del Club, reunida para analizar la situación deportiva, ha decidido por unanimidad destituir a Gregorio Manzano como entrenador de la primera plantilla”, sentenciaba. Manzano dejaba al equipo con penas y sin gloria, y luego de una derrota que terminó de colmar el vaso frente al Albacete (equipo de Segunda B) por Copa del Rey. Había que dar un golpe de timón. Y eso en Atlético de Madrid tiene nombre y apellido.

Diego Simeone se hizo dueño de la historia reciente del club. Y, mientras la Selección deambula en un extraño impasse para definir a su próximo cuerpo técnico, el Cholo sigue sumando estrellas en el lugar en el que se siente amo y señor.

Diego Simeone volvió a gritar campeón en el Aleti. AP

Diego Simeone volvió a gritar campeón en el Aleti. AP

El entrenador argentino se encarga de subirse a la cornisa solito. Apenas termina de perder una final de Champions frente al Real Madrid de Cristiano Ronaldo se sienta en la conferencia de prensa y se tilda de fracasado. En ese escenario elige moverse. Es en el que más cómodo se siente. Con el triunfo en las palmas de las manos, aunque a veces se le escurra y otras pueda apretarlo.

Y así fue en Tallin, la capital de Estonia, donde se jugó la final de la Supercopa de Europa. Porque el Aleti salió con todo y se puso en ventaja en el primer ataque con una corajeada fenomenal de Diego Costa. Si hubiera que reflejar a Simeone en un jugador de su equipo seguramente sería en Costa, el brasileño nacionalizado español que lucha todos, pelea con los centrales y no duda a la hora de definir.

Fue Costa también el que puso el 2-2 (gran jugada de Angel Correa) que llevó la final al alargue después de la remontada del Real Madrid con los tantos de Bale y de Sergio Ramos, de penal, tras una mano inocente de Juanfran.

Parecía que otra vez sería Sergio Ramos el villano. Pero no.

Aprieta el puño Simeone. Lo aprieta y mientras tanto hace un surco en el palco. Tuvo que contener su histrionismo durante 120 minutos porque sigue suspendido por la UEFA (le queda un partido) por su expulsión ante Arsenal por las semifinales de la Europa League. La procesión y alarido fueron por dentro cuando Saúl le dio de volea y empezó a llevar la Copa hacia Madrid.Luego Koke sellaría el 4-2 que sirvió para desatar la celebración.

El Cholo se sacó la espina de las finales de Champions que el merengue le había ganado en 2014 y 2016. También habían sido apretadas. También se habían estirado al alargue, pero el trofeo se había ido para la Casa Blanca.

Ahora Simeone acomoda su corbata negra y ríe en el césped de Estonia. Pudo saltar a la cancha tras el pitazo final y empieza a abrazar uno a uno a los suyos. Acaba de conseguir su noveno título como entrenador, siete de ellos en el Aleti. Siete en menos siete años. Para convertirse en el DT más ganador del club. Desde aquella salida de Gregorio Manzano del banco colchonero cuando fueron a buscar al Cholo para tratar de repetir todo lo bueno que había hecho allí como jugador. Ya lo superó. Y va por más.

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