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El atentado al sindicalista de Atucha pone en la mira a la seguridad de Dioxitek

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En los últimos años, muchos “expertos” han salido en los medios de comunicación de Formosa dando garantías sobre la seguridad de la fábrica de dióxido de uranio que se construye en nuestra provincia con el aval del gobierno de Gildo Insfrán, pero un reciente episodio pone un enorme signo de interrogación sobre los riesgos que puede generar el funcionamiento de la planta de Dioxitek S.A.
El atentado que sufrió hace pocos días Damián Straschenco, gremialista del Sindicato de Luz y Fuerza de Zárate, hizo que se les “quemaran los papeles” a todos los ingenieros químicos y nucleares que vinieron a Formosa a dar charlas explicativas sobre las bondades de Dioxitek.
Straschenco, que trabaja en la Central Nuclear de Atucha, en la provincia de Buenos Aires, fue envenenado con un desecho radioactivo producido por el funcionamiento del reactor, que alguien introdujo en una botella de agua.
El gremialista recibió 132 milisieverts (unidad que mide dosis radiactivas), cuando según la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), el máximo nivel de radiación al que puede estar expuesto un ser humano sin poner en grave riesgo su salud es 20 milisieverts en todo un año.
Esto significa que Straschenco, al beber de la botella de agua contaminada, fue envenenado con niveles de radiación superiores a los que admiten los protocolos de seguridad para cinco años de exposición.
La pregunta que se hacen todos es cómo pudieron violarse todos los protocolos de seguridad para que alguien extraiga líquido contaminado del reactor nuclear de Atucha, trasladándolo a más de 200 metros de distancia, hasta el sector de las oficinas administrativas, para allí introducirlo en la botella de Straschenco.
Según la empresa Nucleoeléctrica Argentina, “la contaminación (de Straschenco) fue producto de un acto deliberado y malintencionado, por lo que ya se radicó la denuncia penal correspondiente en el juzgado federal de Campana”.
El gremialista denunció que “en este caso se violaron procedimientos de seguridad. Ese elemento (utilizado para contaminar su bebida) no podía nunca haber salido de la zona radiológicamente controlada, ya que se trata de agua pesada que sólo se encuentra dentro del reactor”.
En el mismo sentido, Straschenco señaló que “bajo ningún punto de vista pudo llegar accidentalmente a mi botella, ni tampoco debería haber salido de un edificio que cuenta con protocolos de seguridad y que está a más de 200 metros de la oficina en la que trabajo”.
El atentado al gremialista derrumbó todas las garantías de seguridad brindados por el gobierno de Insfrán y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) a la población de Formosa con relación al funcionamiento de Dioxitek. ¿Cómo podrán ahora los técnicos “tranquilizar” a la opinión pública formoseña con su discurso de que la planta de Dioxitek no puede contaminar con desechos radiactivos, si no se pudo evitar lo sucedido en Atucha? Un interrogante que ningún funcionario del gobierno provincial ha salido a responder.

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