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Gildo ya no es tan Gildo y Formosa ya no es aquella Formosa

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En la misma proporción que Gildo Insfrán suma años de mandato hacia adelante, un cuarto de siglo hasta ahora, el desgaste de tantos años en el poder, en forma proporcional, le juega en contra en cuenta regresiva.

Tantos años en el poder hace sucumbir poderosos imperios

Este fenómeno político mundial, el no tener en cuenta el tiempo material para algún desafío, corroe cualquier propósito e incluso lo hace desplomar, y los ejemplos de que tantos años en el poder hace sucumbir poderosos imperios sobran en cantidades interesantes si se apela a la historia.

Entonces, Gildo ya no es tan Gildo y Formosa ya no es aquella Formosa que lo adoraba, lo veneraba y le llenaba de votos en cada elección, más allá de los entuertos de nuestra ley electoral provincial. Algo está pasando en los últimos años, en particular desde la irrupción de la pandemia por coronavirus, que está mostrando el rostro más miserable de un gobierno provincial que especula desde todo punto de vista con este mal mundial.

La acumulación de alta popularidad de Insfrán se está evaporando, y el descontento hacia su forma de gobierno crece tanto como los pastizales en la ciudad en este verano formoseño.

No es una aseveración vana. Basta con leer los posteos en las redes sociales de muchos formoseños que viven en la provincia o no, que reflejan el rechazo a su forma de gobierno, donde los trolls ya no pueden hacer frente a una gran marea que se les viene en contra, y basta también con tener en cuenta las movilizaciones sociales tanto para cortar la ruta, como para pedir justicia y el fin de la impunidad, que se reiteran por las calles de Formosa.

Insfrán lleva tanto tiempo en el poder que allá por 1995, cuando gozaba de lleno de la prerrogativa de ser gobernador y contar con el dinero del estado, jamás imaginó que la sociedad mundial- de la que no escapa Formosa a pesar de la presión feudalista- reflejaría un sustancial cambio a partir de Internet y las redes sociales, un gran muro público para expresarse que la juventud en particular lo aprovecha tan bien.

La globalización, las redes sociales, los años biológicos que suma el septuagenario gobernador- asumió el poder con poco más de 40 años- y el tiempo material que produce un lógico desgaste, está forzando a que Gildo ya no sea tan Gildo. Y de vuelta, Formosa ya no es esa Formosa que le rendía pleitesía como una deidad.

Las expresiones de rechazo y críticas al hasta ayer intocable e intachable en las redes sociales, y en las manifestaciones que tienen lugar mediante convocatorias por grupos en whatsapp, están indicando un camino que al parecer no tiene retorno: Formosa ya no es un rebaño fácil de arrear. Ni Gildo es el mismo, por el propio Gildo, que encaramado en su soberbia y autoritarismo, con el acompañamiento de los obsecuentes y aplaudidores que forman su entorno, no tuvo en cuenta el paso de los años. Son precisamente estos años y no los fantasmas que ellos agitan culpando a la oposición y otros factores, lo que lo están acorralando.

Policarpo

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