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A 26 años del lanzamiento de la mayor estafa al campo formoseño con el PAIPA

Un 15 de septiembre de 1996 en lo que todavía era una de las 24 pujantes desmotadoras de una provincia prominentemente algodonera, en una provincia productiva que por entonces era la segunda productora de algodón del pais y que sorprendía porque un campesino minifundista en pocos años consiguia una notable evolución social y económica, más presisamente en General Belgrano, el gobernador Gildo Isnfran ponia en marcha el relato de un supuesto programa integral orientado a los pequeños productores agropecuarios, que terminaria en el estrepitoso fracaso en que terminó en la actualidad.

El PAIPPA supuestamente apuntaba al desarrollo de predios que oscilan entre tres y veinticinco hectáreas, para evitar que el futuro opten por el éxodo, para terminar en las villas miserias del país o en la periferia de esta ciudad. El resultado un fracaso total.

El PAIPPA decia queria diversificar la producción a productores que dedicaban en forma excluyente al cultivo de algodón en lugares que al término de la cosecha se convertian en una fiesta. Entonces la cultura del trabajo era la bandera del pueblo y la pobreza una cuestión circunstancial que con esfuerzo se podia superar facilmente.

Gildo Insfran prometia un cambio de mentalidad supuestamente para transformar la condición de minifundista, decia que apuntaba a la incorporación de valor a su producción y avanzar hacia la industrialización. Pero nada de eso ocurrió y al poco tiempo comenzó a notarse que el asistencialismo estatal era progresiva y creciente. Comenzaron a aparecer las cajas de alimentos y con suerte medicamentos gratis para atemperar los traspies de la frustrada diversificación agrícola.

Gildo Insfran los convenció que dejaran de plantar algodón, pidió que sembraran maíz y otros cultivos fruti hortícolas para atender supropia alimentación familiar, prometia ferias francas para que lo campesinosm sin intermediación, tiengan ocasión de colocar su producción de verduras, frutas y hortalizas.

A los productores agricolas los querian convertir en manufactureros de mermeladas, escabeches y quesos criollos para sastifacer la alta demanda de las mesas formoseñas, mientras pretendian reiventar a los pequeños productores pecuarios del oeste, en el manejo de vacunos, cerdos  y caprinos.

Gildo Insfran exhortaba al “paippero” que trabajaba con arado de mancera a prepararse para la tecnificación, etapa agroindustrial que supuestamemente se venía, sobre todo a partir de del agregado de valor que ibán logrando en el ámbito familiar donde los iba a capacitar para elaborar dulces, quesos y encurtidos.

Entonces la mayoría de los productores minifundistas trabajaban con arado de mancera. Gildo Insfran les prometió a cambió de la diversificación tractores, sembradoras para tareas grupales y mecanización para la siembra directa, con el objetivo estratégico orientado a la recuperación de la fertilidad de los suelos y su conservación sustentable para beneficio de las futuras generaciones.

Nada de eso llegó y los único que se ve en algunas chacras son los viejos tractores de aquella época y la producción comenzó a desaparecer, los únicos tractores que suerte pueden aparecer son los tractores de las municipalidades que vienen por clientelismo y sometimiento político.

“Vamos a empezar con el abono verde para recuperar el suelo y luego vamos a pasar un rolo también de tracción a sangre, para llegar ahora a una máquina para la siembra directa de dos surcos, tracción a sangre, con todas las características pergeñadas por nuestros técnicos”, prometía Gildo Insfran, para hacer desaparecer el algodón de las chacras formoseñas.

También prometía el “fogoncito” una cocina revolucionaria ladrillos refractarios para los hogares rurales que utiliza un principio de combustión interna, que a partir de una serie de leyes físicas concentra el calor en un punto y con muy poco combustible, como leña, marlo, desecho del monte o cualquier cosa que se queme sin necesidad de cortar ningún árbol, en pequeñas cantidades genera un intenso calor que facilita la cocción de comidas hogareñas.

Con el PAIPPA prometían la construcción de las viviendas rurales en la propia chacra de los productores, hoy las pocas que se construyeron en taperas abandonadas en chacras improductivas.

También prometía sin costo alguno la regularización de la tenencia de la tierra y el otorgamiento los ansiados títulos a productores minifundistas supuestamente para afirmar su arraigo en las colonias y localidades donde viven y trabajan junto con sus seres queridos.

Lo cierto es que con la destrucción de la producción y de las fuentes laborales, los jóvenes emigraron, la mayoría de las quebraron y fueron compradas por monedas por los funcionarios del gobierno provincial o negociadas por la gigantesca inmobiliaria Estatal en que Pombero Rodríguez había convertido a Tierras Fiscales.

Hoy, la mayoría de los ex orgullosos productores algodoneros devenidos en vulnerables e indigentes clientes políticos del programa asistencialista PAIPPA, son asistidos con bolsas de mercaderías y su escasa producción primaria vienen al Plan Nutrir.

Eso de  la producción a gran escala, comercializado con agregado de valor porque se iba a procesar e industrializar en plantas y fabricas se iban a establecer junto a las chacras y quintas, para que decir cada familia se convierta en emprendedora y administradora de su propia pyme: FUE TODO UNA VULGAR MENTIRA como lo es todo el Modelo Formoseño.

El PAIPPA desde hace 26 años es un mero programa asistencialista que transformó la “Cultura de Trabajo” en planes sociales, penciones de discapacidad y nunca fue otra cosa que un esquema mas de dominación social y sometimiento político.

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