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Huracán-River: un penal errado y poco más en un empate áspero

La Copa Libertadores es esa obsesión que se dibuja sobre la banda roja. Pero levantar el “pagaré” doméstico, otro de los grandes objetivos que se plantea Marcelo Gallardo. Por eso este volver a empezar genera ilusión. Y como Boca ganó en el amanecer del domingo, crece la presión. Sin embargo, lo que deja la noche de Parque Patricios es un compendio de imprecisiones. Tuvo un penal para ganarlo, pero falló Gonzalo Martínez. Y terminó valorando el punto porque el debut pudo ser peor si ese tiro de Mauro Bogado que tapó a medias Franco Armani no pegaba en el travesaño. El rendimiento, en cambio, dejó unos cuántos interrogantes.

Hay una situación imposible de soslayar, indispensable para el análisis. Y como muestra bastó una jugada del primer tiempo. Exequiel Palacios encaró, se sacó de encima a un rival y la pelota picó en un pozo. No estaba viva, claro. No era playera. El balón sufría sobre un césped que parece un picadero. Hasta el círculo central estaba pintado como un garabato propio del jardín maternal. Bajo esta coyuntura, era difícil aspirar a un gran partido.

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