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La 125: «Me acuerdo que estábamos Alberto, Lousteau y yo, cuando Lousteau nos aseguró que no habría problemas», escribió Cristina en «Sinceramente»

En su libro «Sinceramente», la senadora nacional del Frente de Todos reveló detalles de las reuniones donde se gestó el proyecto, que derivó en las protestas del famoso «Conflicto con el campo» de 2008. «Me acuerdo como si fuera hoy de aquella reunión. Estábamos los tres. Alberto Fernández (jefe de Gabinete), Lousteau y yo. El jefe de Gabinete le pregunta: ‘¿Estás seguro que no habrá problemas con eso?’ Y Lousteau, muy seguro de lo que decía, contestó: ‘No, a ellos la soja no les interesa'», escribió la exmandataria.

«Increíble, ¿no? Juro por la vida de mis tres nietos y mis dos hijos, que es lo que más quiero en el mundo, que dijo eso. Y agregó que a las patronales agropecuarias sólo les importaban las retenciones al trigo y al maíz”, insistió CFK.

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Lousteau reconoció que el proyecto de la célebre resolución 125, que consistía en aplicar retenciones móviles a las exportaciones de la soja, fue responsabilidad suya : «Yo la llevé, pero si hubieran estado mal los cálculos, el día que renuncié me echaban la culpa y listo, pero ellos escalan la pelea hasta el infinito”.

La resolución 125 de su «evolucionada» autoría, enfrentó al gobierno kirchnerista que integraba con con el campo, la UCR y toda la oposición y representó una bisagra para la hegemonía K.

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MEMORIAS de Guillermo Moreno

El ex secretario de Comercio kirchnerista dio detalles sobre el enfrentamiento con el entonces ministro de Economía en la presentación de su libro de memorias.

El 8 de abril de 2008 el gobierno de Cristina Kirchner estaba en plena guerra con el campo, por culpa de la Resolución 125, impulsada por el entonces ministro de Economía Martín Lousteau que abría la puerta al primer gran desafío de la gestión K. El conflicto se instaló en el mismo gobierno y quedó reflejada en la recordada pelea entre Lousteau y el entonces «supersecretario» de Comercio, Guillermo Moreno.

Así fue como, en el marco de la presentación de su libro «En defensa del modelo», Moreno contó el motivo de su memorable gesto, donde se pasa la mano por el cuello en señal de corte, respondienso a un atónito ministro de Economía, con sus colegas Jorge Taiana y Carlos Tomada de testigos obligados y frente a decenas de fotógrafos. Aquí la historia.

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Fragmento del libro de Guillermo Moreno

El 1 de abril, temprano por la mañana, recibí un llamado de la señora presidenta, en el que me comunicaba que en ese momento en el puerto de Buenos Aires se embarcaban contenedores con carne bovina. “Señora, desconozco la situación”, le respondí.

El contrasentido era grave: si no había carne para nuestro pueblo, producto del lock-out patronal, ¿cómo era posible que se fletara carne al exterior? Cristina me instruyó que revirtiera la acción. La respuesta de la directora general de Aduanas -“Ya lo soluciono”- me tranquilizó.

En la Secretaría nos organizamos para ir al acto. Como estaba planificado, subimos todos al palco, a la espera del discurso presidencial.

Tal cual salimos en las fotos, mientras aguardábamos la llegada de Cristina, Lousteau se encontraba a dos ministros por medio (Juan Carlos Tomada y Jorge Taiana). Más que informarme, me gritaba que él había permitido el envío de carne para destrabar el conflicto con los frigoríficos exportadores. Hubo todo tipo de gestos.

En las fotos se advierte que le contesto con el mismo tono que, dada la lógica del mercado, eso no garantizaba el abastecimiento interno y que la vocación del gobierno era proveer primero lo local y luego lo internacional.

Me responde que lo había desautorizado. Mis gestos transmiten mi respuesta: que un conflicto por la comida implicaba una gravedad extrema y que no había posibilidad de estar en ambos bandos al mismo tiempo.

No sé si el ministro era consciente del lenguaje de sus gestos, pero doy fe por los míos: sencillo, la mano sobre mi cuello fue la última frase de la discusión (“De qué lado estás”). El desabastecimiento de alimentos había trazado una línea divisoria. Había que optar de qué lado de la raya se estaba.

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