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LANATA: El decorado K que se cae con los subsidios y “Supermercados Néstor” para frenar la inflación

La pelea con la Ciudad por los colectivos puso en evidencia que pagamos un boleto de fantasía. Y un funcionario que lideró protestas dentro de shoppings ahora tuvo una idea “genial” contra el alza de precios.

En el fondo, el kirchnerismo es un gobierno clásico: sigue puntualmente los consejos que escribió Niccolo di Bernardo dei Machiavelli (Maquiavelo) en el siglo XVI. El “padre de la ciencia política moderna” describía a la política como “el arte de engañar”.

“El que engaña siempre encontrará a personas dispuestas a ser engañadas”, escribió. “El gobernante tiene el derecho y el deber (…) de simular, fingir y engañar”. El engaño en el arte de gobernar dio pie a a idea de la razón de Estado, que aún hoy subsiste. Así, durante sus tres gobiernos (o cuatro, según se vea), el kirchnerismo montó un decorado: el transporte como los servicios serían casi gratuitos, muestra de una gestión exitosa. El público nunca asoció que alguien estaba pagándolos de todos modos, y eran ellos mismos. Lo que no se pagaba como boleto se pagaba igual como subsidios a través de los impuestos.

Ahora el decorado comenzó a caerse, la vida real no era tan barata. La pelea del Gobierno con la Ciudad de Buenos Aires por el subsidio a los colectivos puso en evidencia que pagamos un boleto de fantasía. Se trata, en el fondo, de que sea Larreta el vocero de la mala noticia.

El Gobierno destinó el año pasado $ 96.215 millones para subsidiar a las empresas de colectivos que funcionan en el AMBA (Capital y Provincia). Desde la década del 60, cuando se armó el sistema de líneas actuales, los colectivos funcionaron sin subsidios hasta 2001.

El pasajero paga hoy el 10% del valor del boleto. Según explicó el especialista Antonio Rossi a Clarín, en la ciudad se paga un boleto de $ 13. Si se le quitara todo el subsidio -el de Nación y el de Ciudad- debería tener un 83% de aumento: costaría $ 121. En el caso del AMBA, las líneas con cabecera en Capital y en un partido bonaerense costarían, sin subsidio, entre $ 131 y $ 293; hoy se paga entre $ 13 y $ 32. Las líneas provinciales (de un partido a otro) llegarían sin subsidio a un boleto entre $ 95 y $ 118; y las líneas municipales deberían cobrar un boleto entre $ 84 y $ 110.

En realidad, por unos pocos pesos más de subsidios, el Gobierno podría declarar la gratuidad del colectivo. Es obvio que con esos números los subsidios no pueden eliminarse. ¿Por qué no intentar, entonces, subsidiar la demanda? En 2009 se anunció, al crearse la tarjeta SUBE que podrían identificarse los pasajeros y, en función de sus ingresos, establecer una escala de boletos. Doce años después eso sigue siendo una promesa.

La semana pasada comentamos, en esta columna, la situación de las tarifas de gas y luz. Valga la pena agregar que los subsidios a la energía se incrementaron un 77% respecto a 2020 y un 131% respecto a 2019. Según la consultora PxQ las facturas de gas y luz en el área metropolitana representan el 3% del salario promedio: otra vez el decorado.

Maquiavelo también aplica respecto a la deuda: sólo se discute la deuda con el FMI, que es el 11% de lo que debemos. La deuda pública de la administración central alcanzó en diciembre pasado unos 363.000 millones de dólares. Según el economista Ariel Coremberg, eso representa un 175% de todo lo que produce la Argentina en un año. Falta agregar la deuda de las provincias, la deuda cuasifiscal del BCRA, los juicios pendientes de empresas estatizadas, los reclamos de bonistas, etc, etc.

Los aportes jubilatorios que se descuentan mes a mes a los trabajadores no se están acumulando a resguardo para cuando se retiren, hoy se derivan al Fondo de Garantía Sustentable de la ANSeS, que tiene el 75% de su cartera invertida en deuda pública (o sea, préstamos y títulos cuasi defaulteados).

La portavoz Gabriela Cerruti anunció esta semana una nueva genialidad: la empresa nacional de alimentos. Los “Supermercados Néstor” son impulsados por el exitoso Roberto Feletti sobre una idea y guión de Rafael Klejzer, líder de la CTEP Capital y director de Políticas Integradoras del Ministerio de Desarrollo Social.

Desde aquí lo felicitamos calurosamente. Klejzer tomó notoriedad en 2019 por liderar protestas dentro de los shoppings. Intenta, según dijo en su Twitter, “ponerle freno a la avaricia de las empresas capitalistas que entienden al alimento como una mercancía y no como un derecho social; eso también es construir soberanía”. Está claro que los “Supermercados Néstor” podrán bajar la inflación en unos pocos meses.

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