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Manu Ginóbili, el ídolo en el que todos creen cuando parece que nada es posible

Las camisetas se multiplican. La proporción lo posiciona como el indiscutible ganador. Por cada una de Kawhi Leonard, el crack ausente, hay dos de él. Por cada una de LaMarcus Aldridge, el nuevo referente, hay dos de él. Por cada una de Tony Parker, el otro ídolo, hay dos de él. Emanuel Ginóbili es el favorito de los hinchas y no hay dudas al respecto.

No las habrá, tampoco, cuando este AT&T Center ubicado a unos 15 minutos del centro de San Antonio se rinda a sus pies una vez más. En este caso, para darle una vida al equipo, un poco de aire. Lejos de las épocas de gloria absoluta, pero con una certeza: el idilio es total y será eterno.

Todos quieren abrazar a Manu Ginóbili cuando se va al vestuario luego del triunfo.Foto: AFP

Todos quieren abrazar a Manu Ginóbili cuando se va al vestuario luego del triunfo.Foto: AFP

Emanuel David Ginóbili frotó la lámpara como tantas veces y evitó la barrida en los playoffs de la NBA: con 16 puntos de Manu, los Spurs vencieron a Golden State por 103-90 y dejaron la serie 1-3. Habrá que ir a Oakland, cerca de San Francisco, para jugar este martes el quinto partido.

En el local de indumentaria y productos varios de San Antonio, su camiseta es la más buscada. Un grupo de mexicanos se cruza con otro de argentinos y se enlazan en el fanatismo por el número 20. Sí, ese encuentro que en muchos otros contextos sería motivo de discusión, aquí hermana. Y el responsable no es otro que el nacido en Bahía Blanca.

El video introductorio del equipo, digno de una súper producción hollywoodense, lo tiene como frutilla del postre. Al final. Es cuando aparece su imagen que el público explota. Es cuando él ingresa, a los 6 minutos 55 segundos del primer cuarto -en reemplazo de Danny Green- que el público se levanta. Sabe que siempre, con él en la cancha, la cosa es diferente. Para entonces, San Antonio gana por un doble.

Recién tres minutos después de su ingreso aporta en la estadística al cederle la pelota a Aldridge y sumar su primera asistencia. Añadirá una más y fallará su primer tiro al aro: una flotadora que terminará en tapa de Quinn Cook.

Manu Ginóbili, saludado por Ettore Messina, a cargo de los Spurs ante la ausencia de Gregg Popovich. Foto: AFP

Manu Ginóbili, saludado por Ettore Messina, a cargo de los Spurs ante la ausencia de Gregg Popovich. Foto: AFP

Y su figura irá escondiéndose detrás de las luces, como le gusta a Manu, porque el equipo brilla. Porque pasan los minutos y juega con autoridad ante Golden State, porque lo domina, porque lo defiende con uñas y dientes y encuentra las maneras de anotarle. Se escapará, el equipo que hoy dirige Ettore Messina, aunque nunca parecerá suficiente ante el temible campeón. Manu, en los ratos que tenga fuera del parquet, será el primero en aplaudir los esfuerzos y los puntos de sus compañeros, el primero en dar consejos a los jóvenes Dejounte Murray y Kyle Anderson.

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Pero la cuestión volverá a complicarse y como siempre que así ocurre sus zapatillas vuelven a posarse sobre la madera. El partido es demasiado cerrado, la diferencia es muy pequeña y cada posesión cuenta. No hay tiempo, casi, para rendirle pleitesía al dueño de la número 20, a quien la lleva hoy y quien será el último en vestirla jamás en esta franquicia. ¿No hay tiempo?

Ese monstruoso talento llamado Kevin Durant, como un Rocky lleno de épica en sus venas, todavía tiene fuerzas. En un partido que sus compañeros indiscutiblemente sufrieron, él se pone todo al hombro. Y hace casi verídica la frase de Manuel, un argentino que comentó un poco en broma y un poco en serio: “Nunca vi a Durant errar un tiro”. El alero está al borde de conectar un puñetazo que dé vuelta el partido y sea demasiado difícil de soportar para los Spurs.

Manu Ginóbili anota ante la defensa de Draymond Green.Foro: AFP

Manu Ginóbili anota ante la defensa de Draymond Green.Foro: AFP

Entonces aparece él. Otra vez. Como tantas. Reingresa cuando los Warriors se ponen a sólo cinco puntos, luego de que los Spurs sacaran 11 de ventaja hace unos segundos. Quedan 6 minutos y medio. Es una eternidad. Golden State sigue descontando. Se pone a dos (88-86). Entonces Ginóbili le saca una falta a Draymond Green, uno de los mejores defensores de la liga, para sumar dos libres. No se moverá más de la cancha. Nadie lo sacará. Cerrará el partido, como en cada momento determinante.Mete un bombazo de tres puntos para volver a sacar 8 (96-88). Aunque tiene tiempo para asustar a todos.

Mira el aro, relojea a sus costados y toma la decisión. Enfrente está Nick Young. Lo encara, intenta pasarlo por la derecha y se golpea una rodilla con la de su rival. Su dolor deja sin aliento al estadio. Sus compañeros lo ayudan a levantarse y lo primero que hace cuando se incorpora es elevar la mirada. ¿Le pide algo a Dios? No: busca el resultado y el tiempo de juego restante. Ahora sí, es el momento indicado para la ovación. El “Manu, Manu, Manu” que explotó aquí, que explotó otras veces en el mismísimo Madison Square Garden, se hace presente otra vez. Messina lo encuentra con la mirada. Ginóbili está determinado a continuar.

Y se encargará de aumentar a 10 cuando falta 1m19. El pleito está definido. Salvo por una cuestión: sí habrá más puntos. El último tiro, la última bola, será suya. La estocada que evita la barrida, que firma y que le dice al mundo de la NBA que él, Emanuel Ginóbili, no se irá así nomás de la temporada.

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