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Naidenoff tenía Razón: Gobernadores ya hablan de un masivo desdoblamiento electoral para despegar de la derrota del 2023

Lo adelantó el senador Luis Naidenoff en el cierre de Primer Conversatorio organizado por LIBRES en Clorinda, «La derrota del FdT a nivel nacional es irreversible por eso van adelantar las elecciones en la provincia y en las mayorías de las provincias del país, y esa es la oportunidad de los formoseños para terminar con el Populismo» aseguró y 24 horas después se confirmó la desbandada de los gobernadores justicialistas que no quieren quedar pegados al efecto nacional de una derrota anunciada.

La preocupación por la crisis en la cúpula de la coalición de gobierno ya se desparrama como una mancha de aceite a todo el país. No son solo los principales accionistas del Frente de Todos los que piden con urgencia un ámbito de discusión política con la Casa Rosada: también lo reclaman los gobernadores, que siguen con creciente inquietud la pelea entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y que empiezan a analizar el impacto electoral de esa interna de cara a las elecciones del 2023.

Ya comienza a hablarse, en ese sentido, de un desdoblamiento electoral masivo por parte de las provincias para asegurarse el territorio y escaparle al riesgo eventual de atarse a la suerte del candidato presidencial del oficialismo. Varias ya recurrieron a la misma estrategia en el 2019.

Dicen desde el kirchnerismo que Eduardo «Wado» de Pedro suele recoger semanalmente esa preocupación por parte de los gobernadores. Y que las provincias del peronismo se sumaron al pedido del kirchnerismo y La Cámpora para habilitar una mesa en la que se compartan las principales decisiones de la política oficial.

El debate en el Senado, donde más fuerte tallan los gobernadores, en torno al acuerdo con el Fondo Monetario dejó al desnudo la desorientación en la cúpula del Frente de Todos: al menos tres senadores, según pudo reconstruir este medio, no fueron ni siquiera consultados sobre el destino de sus votos.

Diferente fue, por ejemplo, la presión K en Diputados. Más aún después del ataque a piedrazos a los ventanales del despacho de Cristina Kirchner en la Cámara alta, que terminó de definir el rechazo al acuerdo por parte de los legisladores que se referencian en la ex Presidenta y en su hijo Máximo.

La contención a los gobernadores corre por cuenta de De Pedro, el delegado de la ex Presidenta en el Ejecutivo, y de Juan Manzur. La crisis en la pareja gobernante, y el futuro del kirchnerismo, es una de las preocupaciones que suele recabar el ministro del Interior, aseguran sus colaboradores. El funcionario termina de ultimar, por caso, un viaje a Israel con ocho jefes provinciales para fines del mes próximo.

El jefe de Gabinete, por su parte, volvió a recobrar algo de centralidad en las últimas semanas con las negociaciones por el proyecto de refinanciación de la deuda con el Fondo.

La noche de la votación en el Senado, Manzur recibió al Presidente en su casa de Tucumán junto al gobernador Osvaldo Jaldo, el ministro Aníbal Fernández y el diputado Carlos Cisneros, mano derecha del jefe de ministros. Más tarde, aseguran, se sumó Sergio Massa.

Fue en esa cena en la que Fernández trató de aprovechar la sanción del acuerdo para buscar una legitimidad de su liderazgo que hasta ahora no pudo conseguir. Se escucharon críticas a La Cámpora. Y se mencionó la posibilidad de que fueran los gobernadores los que acercaran dirigentes a Buenos Aires en caso de que la agrupación K decida en algún momento retirarse del Gobierno, una opción que al menos hasta ahora no está sobre la mesa. Se sabe, además, que el jefe de Estado no tiene espalda para prescindir de esos funcionarios si así lo deseara.

En septiembre del año pasado, de hecho, la Casa Rosada tanteó a un gobernador por si se efectivizaban las renuncias masivas tras las PASO de los funcionarios que responden a Cristina Kirchner. Se trata de Gustavo Bordet, de Entre Ríos, que estaba dispuesto a asumir en el Ministerio del Interior si al final se iba De Pedro. Fernández estuvo el miércoles en Paraná junto al gobernador.

Entre Ríos es, según confiaron, uno de los distritos que tiene previsto adelantar el calendario electoral. También Chaco. Son solo dos ejemplos de una estrategia que está en análisis y que se justifica por la inquietud creciente en torno a la crisis del oficialismo.

En la provincia de Buenos Aires aún no hay una definición concreta. Pero ya hubo charlas informales, sin ninguna conclusión, entre dirigentes de la oposición y Martín Insaurralde, que no esconde sus ganas de ser gobernador y que opacó el poder de fuego de Axel Kicillof. En Juntos por el Cambio trasciende que lo mejor, por ahora, sería votar en conjunto con la elección presidencial. Para aprovechar la crisis del Frente de Todos. Es lo que trató de evitar, sin éxito, María Eugenia Vidal en el 2019.

En la oposición también hay una creciente intranquilidad por la pelea entre Fernández y su vice, y las consecuencias en la gestión cotidiana.

«Nos la pasamos firmando convenios, pero no hay nada concreto», le aseguró a este diario uno de los gobernadores de Juntos por el Cambio. El mandatario, como sus colegas, está muy inquieto por la gobernabilidad: subraya que a ellos no les conviene que la crisis se agudice porque las consecuencias afectaría también a la oposición de cara al 2023. Y que la erosión de la figura presidencial es un tema que asusta. «Nos guste o no, Cristina era jefa y Mauricio (Macri) también: Alberto no», remarca.

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