Política

Productores advierten una política estatal que estimula la desaparición de la banana

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La Federación Agraria Argentina (FAA), filial Laguna Naineck se mostró decepcionada por la falta de reacción y por el incumplimiento de compromisos, contraídos por el gobierno para resolver la comercialización de la banana, y conjeturó que existe una voluntaria conducta que estimula la desaparición de la fruta en el país. Sin tanta dureza, la entidad metió a la administración local, entre los responsables del escenario que fustiga.

“No se alcanza a dimensionar, la decepción que sentimos ante tanto desplante. Hemos hecho una cantidad enorme de gestiones, tras el último cambio de gobierno, al que esperábamos ansiosos, pero tristemente, comprobamos que el relevo no fue para bien. Recorrimos todas las oficinas posibles, sólo nos faltó llegar al presidente”. La dura revelación fue lanzada en las últimas horas, por el presidente de la organización nacional con sede en el norte provincial, Eliodoro Lezcano.

“Hace tiempo, hemos constatado que el Estado compra la banana extranjera para destinarla a los comedores dependientes de las diferentes esferas de su administración. Se trata de una gigantesca compra, tal vez mayor a toda la producción nacional, mientras la fruta se pudre en las chacras o es vendida a un precio vergonzoso que no alcanza a justificar ni inversión ni el esfuerzo del hombre de campo. Nos reclaman competitividad, pero los hechos sólo demuestran que la falta de capacidad está en el Estado”, dijo.

Para el dirigente sindical, “los bananeros estamos peor que antes”, y al justificar planteó: “En el pasado reciente las mentiras fueron formuladas por teléfono, ocasionales declaraciones periodísticas, y promesas electorales, ahora se produjo directamente mirándonos al rostro, en las cuatro reuniones que mantuvimos con funcionarios y técnicos del Ministerio de Agroindustria, en los últimos cuatro meses”.

“Luego de tantos años de reclamos, ampliamente argumentados, defendidos con coherencia y avalados con cifras estadísticas y documentos gráficos irrefutables, creemos que existe una decisión política para eliminar a la banana argentina como producción genuina. En el corazón de las decisiones oficiales, los funcionarios designados para proteger y estimular a la producción nacional, al igual que sus antepasados, incluyendo a sus colegas formoseños, siguen sin reparar en los costos sociales y económicos que la conducta generará en las casi 600 familias que viven de este cultivo en la provincia. La política sigue siendo de alta preferencia por la fruta extranjera, a pesar de que los costos y la calidad son netamente desfavorables, tanto para quien los paga como para los consumidores”, planteó, con crudeza.

“En la actualidad el productor recibe entre $1 y $1,50 por cada kilo, con lo que no se cubre el costo de producción, una conducta que se viene repitiendo inexorablemente en los últimos años, exclusivamente por la ausencia oficial”, marcó.

“La producción bananera argentina está atravesando un momento de crisis, pero, también se trata de un reclamo histórico, en principio, porque entre el 80 y 90% del consumo local es abastecido por el ingreso de bananas de otros países, como Ecuador, Brasil, Paraguay y Bolivia. Y además, porque en el último año creció un 15% el volumen importado”, añadió, para ampliar la realidad comercial.

“Si el Estado decide comprar la producción local, en lugar de la foránea, para abastecer a los comedores escolares, barriales y/o comunitarios, como viene haciéndolo, todo podría resolverse”, apreció. “La falta de sentido común, conciencia nacional y, sobre todo, honestidad intelectual, están llevando a la desaparición a la fruta que más se consume en la Argentina”, remarcó.

“La ausencia del gobierno provincial también es notoria; sus funcionarios parecen creer que todo su compromiso para el aporte irregular de fertilizantes, mientras jamás dio muestras concretas para resolver la cuestión más acuciante de todo el proceso: la comercialización”, advirtió.

“No somos virtuosos de las palabras, si de los hechos, y la coherencia en el proceder. Con la piel marcada por el inclemente sol tropical, y los rostros arrugados por las angustias que construye el desamparo, sólo hallamos refugio en nuestras familias y la infinita paciencia del hombre del interior. Pero todo tiene su fin, y detrás del último muro hay otra vida, una que puede sorprender, y cuyas consecuencias nadie puede conjeturar ni detener. Somos tan argentinos, como cada uno de los 44 millones, y nuestros hijos no merecen padecer todo lo que sufrieron sus padres”, enfatizó.

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