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«Si alguien me pagó fue el grupo de Boudou y Gildo Insfran», dijo Alejandro Vandenbroele

El testigo arrepentido Alejandro Vandebroele dijo que el grupo del exvicepresdente (Boudou, Brito y Gildo Insfran) le pagó «durante años» para que se «quedara tranquilo».

cho años y once días después de que estalló el escándalo de corrupción que llevó a la cárcel al vicepresidente Amado Boudou, su gestor de «negocios», su «testaferro», Alejandro Vandenbroele, rompió el silencio. Decidió hablar, molesto con las filtraciones desde el Programa de Protección de Testigos que pusieron en riesgo su seguridad. Y molesto con las «mentiras», como las calificó, que circularon por ciertos medios de comunicación.

«Es mentira que me pagaron para que convirtiera en un arrepentido y declarase en contra de Boudou. Si alguien me pagó fue ese grupo de Boudou, de Brito [por Jorge, dueño del Banco Macro] y de Insfrán [por Gildo, gobernador de Formosa», afirma Vandenbroele, mientras conversa con LA NACION en un departamento ubicado en la ciudad de Buenos Aires.

«Ellos fueron los que me pagaron durante años para que me quedara tranquilo», insiste. «Hasta que dije ‘basta’, con el apoyo de mi familia. Pero ahora dicen que me ‘compraron’ para atacarme, pero en realidad para atacar el régimen del ‘arrepentido’ en general», afirma, mientras insiste con que «lo que circula es falso».

Vandenbroele dice, además, que intimó ya dos veces a los responsables del Programa de Protección de Testigos para que «salgan a aclarar la verdad», al tiempo que radicó una denuncia penal para que se investigue la violación del secreto que puso en riesgo su seguridad.

-Empecemos por lo esencial, ¿el Gobierno del presidente Mauricio Macri le pagó a usted para que declarase en contra de Boudou o Brito o quien fuere?

-No. Nadie me pagó para que confesara, ni me coaccionó para que declarase lo que dije ante la Justicia.

-Pero el Programa de Protección de Testigos le entregó dinero para que usted instale un hotel.

-No es un hotel, es una posada. No es lo mismo. No puedo dar precisiones porque estoy sujeto al régimen de confidencialidad como testigo protegido, pero sí puedo decirle que al entrar a ese programa, tuve que dejar de trabajar por razones de seguridad y está previsto por ley [mientras remarca «la ley»] que a cada protegido se le asigne una suerte de ‘mensualidad’ para mantenerse, primero, y para reinsertarse en la sociedad cuando el régimen se flexibiliza. ¿Y quiere saber algo más? Desde mediados de 2019 dejaron incluso de girarme ese dinero.

-¿Se reunió usted o conversó con Macri alguna vez?

-No. En mi vida lo he visto.

-¿Al jefe de Gabinete, Marcos Peña?

-No.

-¿Al ministro de Justicia, Germán Garavano?

-No.

-¿A la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich?

-Sí, una vez. Estaba con Millman (por Gerardo, su entonces secretario de Seguridad) por un contacto que obtuve a través de la familia de mi ex mujer (por Laura Muñoz). Fue un tiempo antes de entrar al régimen del «arrepentido».

-¿Habló de dinero con ella?

-No, ni ofreció solucionarme nada tampoco. Solo me dijo: «Usted y su familia van a estar en Protección. Quédese tranquilo». Nunca más la vi.

-¿Se reunió o cruzó llamadas o mensajes con algún otro funcionario de Cambiemos antes de convertirse en «arrepentido»?

-No.

-¿Dónde vive ahora?

-En la posada que monté, en Chacras de Coria [Mendoza]. El programa aportó algo de dinero, pero tal y como lo ha hecho con otros testigos que están reinsertándose en la vida cotidiana. A alguno lo ayudó con una heladería, a otros con otras opciones. Yo vi esta oportunidad. Pero para que quede claro: mi padre y un hermano tuvieron que salir como garantes para firmar el contrato de alquiler. Una amiga, que es decoradora, me prestó muebles porque se fue a vivir a España. ¡Abrí la posada con apenas dos habitaciones y sin aire acondicionado! ¿De qué están hablando?

-¿Ese aporte de dinero para su posada pudo «influir» en su confesión?

-¡No! ¡Si fue posterior a mi declaración! El programa (de Protección de Testigos) tiene etapas. La primera más restrictiva y, cuando se considera que ya pasó lo peor, una segunda fase más laxa, en la que se busca de a poco que el protegido se reinserte. Fue en esa etapa cuando primero planteé la posibilidad de montar una playa de estacionamiento frente al aeropuerto de Mendoza, pero me rebotaron. Después salió esta posibilidad de la posada, que hoy, después de mucho esfuerzo, tiene seis habitaciones. ¡Eso es todo!

-La sospecha es que usted calló durante años porque le pagaron por su silencio y que luego decidió convertirse en arrepentido porque otros, el Gobierno, le pagó para que usted declarase.

-Eso es lo que quieren que parezca para poner en duda todo el régimen de los arrepentidos. Pero yo declaré ante la Justicia y dije la verdad. Mis dichos fueron verificados por fiscales, jueces y tribunales de alzada.

-Pero.

-Yo tengo que asumir lo que hice mal. Lo hice. Y ahora tengo que tratar de torcer esta versión que quieren hacer correr. Pero, ¡basta! ¡Esta no me la como! ¡Yo esto [por cobrar a cambio de confesar] no lo hice!

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