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Vilaggi: “Corrupción, Clientelismo, soberbia, Justicia coptada, autoritarismo, suma del poder público, despilfarro, enriquecimiento, bloqueo, encierro, Concejo que no aconseja, policía militarizada, pobreza, sumisión y más corrupción”

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Formosa, siempre reconocida en el territorio nacional por imágenes a vergonzantes, por la obscena corrupción, por el clientelismo político, por el mal manejo de los recursos, por la justicia politizada, cuestiono la doctora Agostina Vilaggi, que junto a su madre hace pocos días fueron víctimas de maltrato y la prepotencia policial, y que el lunes será entrevistada en Radio Parque FM 89.3, Aires de Libertad, a las 8 y 30 hs.

El pueblo formoseño fue testigo en la pandemia que asedió al mundo, del Horror al mando, del ejercicio absoluto del poder autoritario, del régimen del Uno sólo contra todos. No “a favor del pueblo” o “para el pueblo”, sino, velando una vez más por los intereses propios, por el enriquecimiento, por seguir funcionando atando todo con alambre, mientras la Salud se caía a pedazos.

Mal uso de las herramientas que nos fueron otorgadas, mala distribución de los recursos, mala gestión bajo la justificación de que había un único camino. El mundo entero volvió a funcionar, los comercios subsistieron por reabrir sus puertas haciendo a los ciudadanos responsables por cuidarse unos a otros, el turismo insistió por volver al trabajo, el entretenimiento, la gastronomía.

En Formosa, bajo un domo que nos mantiene aislados del resto del país, con decisiones que en nada se parecen a las que siguen una lógica ni política ni sanitarista, se recurre al bloqueo, al encierro, a las actas bajo el mando de una policía empoderada al mejor estilo militar.

A la gente le metieron el miedo necesario para creer que el encierro es la única salida posible… y así, Formosa se volvió más pobre, y lo que es peor, más y más sumisa. Porque hasta las marchas como forma de manifestación de un derecho fueron cercenadas.

La Salud mental, esa que tanto se mancilla y nombra como lo que se cuida y prioriza, se encuentra en un punto en el que el odio, el descreimiento y la desesperación, consumen a las personas.

Se dejó de creer en la política, en los políticos, en aquellos que velan por un supuesto bien común. De hecho, se dejó de creer en el virus, se aflojaron cuidados y precauciones, porque no se confía ni en los números ni en las formas en que el esta Pandemia se abordó por el Consejo formoseño.

Consejo que lejos de aconsejar, lejos de escuchar lo que el pueblo necesitaba; desde una forma encarnada (hecha carne) del poder, soberbio, autoritario, siendo no el que construye un saber sobre lo que sucede sino que indiscutible mente lo tiene; han generado en la sociedad un odio desmedido.

Y, lo que se escucha, lo que con angustia se experimenta, es el deseo que se contagia y multiplica de querer simplemente “huir de Formosa” bajo la premisa de que simplemente nada cambia.

Y, ese es el peor de los escenarios, el más oscuro y desolador: ir de la impotencia (que en el peor de los casos empujados por el enojo nos hace movernos o querer cambiar) a la imposibilidad: nada nunca va a cambiar, concluyó Agostina Villagi.

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